QUE NO NOS FALTE NUNCA…

QUE NO NOS FALTE NUNCA…

Motrhead+motorheadRecuerdo perfectamente como fue mi primer encuentro con Motorhead. Era yo un imberbe de chupa de cuero y canana de balas y andaba junto con otros de mi calaña por la Calle Hospital de Barcelona. Íbamos con ganas de gastar el poco dinero que llevábamos encima, en unos pocos vinilos que nos ayudaran a engrosar nuestra entonces escasa y paupérrima colección de discos. Me acuerdo que algunos tenían claro lo que buscaban, alguien nos había comentado que el “Force It” de UFO y el “Rising” de Rainbow sonaban cojonudos, y además eran influencia directa de nuestros ídolos, ya sabéis, eran principios de los ochenta, éramos heavys teenagers y bandas como Judas Priest o Saxon eran como Dioses para nosotros. Yo en cambio tenía dudas, UFO o Rainbow eran buenas opciones, pero se lo iban a comprar mis amigos y eso significaba que automáticamente también  iban a pasar a ser de mi propiedad a través de una cinta grabada, debía de buscar otra cosa. Pensaba que podía arriesgarme con algo oscuro y más desconocido (un flipado me había hablado muy bien de Tygers Of Pan Tang) o lo mismo pasaba de todo y acababa adquiriendo un disco más de Kiss, al fin y al cabo me faltaban muchos de sus clásicos de la primera época.

Envuelto en esos pensamientos y en las típicas conversaciones de adolescentes, llegamos a la primera tienda de la que ya no recuerdo ni el nombre y vi aquella portada, era el “Ace Of Spades” de Motorhead. Estaréis de acuerdo conmigo en que aquella instantánea asustaba, joder si asustaba, estábamos acostumbrados a los grupos de heavy metal que no son precisamente angelitos, pero que queréis que os diga, Steve Harris, Glenn Tipton o Biff Byford podían ser bestias del metal, pero tenían pinta de buenos tipos, sin embargo esos tres forajidos que aparecían desafiantes en aquella gloriosa carátula parecía que acababan de asesinar a alguien. Mi calenturienta mente quinceañera quedó embobada ante el poderío que desprendía aquella imagen y caí enamorado.

Desde entonces “Ace Of Spades” es uno de mis discos de cabecera y Motorhead probablemente sea una de las bandas a las que más cariño profeso, he seguido fielmente sus pasos, celebrando la salida de cada álbum como una auténtica fiesta, adorando cada día más el distorsionado y apocalíptico bajo de Lemmy, partiéndome por la mitad ante los trallazos en forma de diabólicos riffs que cualquiera de sus guitarristas ha grabado y alucinando cada vez que Philty el animal, Pete Gill o Mickey Dee aporrean con saña sus parches. Sí amigos, soy fan en el más amplio sentido de la palabra, y hasta hace poco creía como dicen en el documental que si hubiera una guerra nuclear solo sobrevivirían las cucarachas y, sí señor, Lemmy Kilmister.

Sin embargo el hombre de hierro también es humano, no hace mucho nos tenía a todos preocupados después de tener que abandonar el escenario del Wacken Festival al no sentirse bien. Las alarmas se dispararon, todo tipo de especulaciones y rumores empezaron a circular por la red, de pronto nos hicimos una pregunta que nunca pensamos que íbamos a hacer: ¿un mundo sin Lemmy? ¿una escena sin Motorhead? Joder no, eso era innegociable, necesitábamos saber que ese personaje,  que es como un padre para muchos de nosotros, iba a estar ahí eternamente, de por vida, girando sin parar y grabando el enésimo refrito de “Ace Of Spades” una vez más, y en medio de tanto lío y confusión, casi sin darnos cuenta, se lanza “Aftershock”, la nueva bomba de relojería de la Cabeza Motorizada.1024px-Motorhead_aftershock

Ahí estaba nuestra ración de pure motherfucking hard rock´n´roll lista para ser devorada y no veas como sonaba. Después de una semana de audición ininterrumpida, no me saco de la cabeza la melancolía bluesera de “Lost Woman Blues”, el ataque suicida de “Heartbreaker” o “End Of Time” o esa bestialidad llamada “Going To Mexico”,  que para mí es nuevo clásico. El tito Lemmy, el cabrón, el hijo de puta, lo ha vuelto a hacer, y esto me hace preguntarme una vez más cuánto tiempo va a aguantar subiéndose a los escenarios a reventarse mientras destripa una vez más “Overkill” o “Bomber”, porque lo que está claro es que nuestro hombre no va a cambiar su dieta de Jack con Coca Cola y cigarrillos hasta que le tiren la tierra por encima. Disfrutemos una vez más de su música (sonando ahora mismo “Crying Shame” a toda pastilla) y olvidémonos de todo lo demás, prefiero volver a creer en la inmortalidad de este bendito personaje mientras pincho cualquiera de sus canciones, con ellas la vida es un poco más bella.

Andrés Martínez

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