THE POODLES – MADRID

THE POODLES + OVERLOUD, Madrid 09/02/2014 (Sala Shoko)

the_poodles_2014_madridNoche de domingo fría, lluviosa y desapacible por un lado. Concierto de tres bandas de hard rock por el otro. Resultado: el segundo acaba siendo el antídoto perfecto para la primera. Dos grupos nacionales y los omnipresentes The Poodles se presentaban en Madrid en la última de sus citas de su mini gira española. Lo de omnipresentes va más que nada porque ya he perdido la cuenta de las veces que los suecos se han pasado por estos lares, la última no hace ni siquiera un año. A este paso les va a salir más rentable alquilarse algo por aquí o incluso comprarlo, que no soy yo muy ducho en Economía, pero tengo la sensación de que la corona sueca se cotiza bastante más al alza que nuestro querido euro. Desgraciadamente me perdí la actuación de la primera banda, los canarios Natribu. Confieso que se debió a una cita baloncestística ineludible de la que no pienso hacer ningún comentario (para evitar posibles descalificativos y agresiones varias por parte de buena parte de la plantilla de Tremors666), salvo que su final me hizo acudir con grandes ánimos a la sala Shoko. (Ver vídeo)

Nunca había escuchado un solo tema de Overloud. Nada, cero, ni una sola nota. ¿Para qué voy a decir lo contrario?. Simplemente no tengo tiempo para absorber tanta propuesta musical. Sabía de su existencia pero nada más. ¿Cuál es la parte buena de todo esto?. Que recuperas esa sensación de “vamos a ver a qué suenan estos” muchas veces perdida ya y pones alerta tus sentidos, prestando más atención de la que probablemente harías en otras circunstancias. Pues bien, no pudieron ser mejores las conclusiones. Me pareció encontrarme con una banda que no trata de reinventar la rueda, pero que lo que hace lo hace muy pero que muy bien. Las influencias de las bandas ochenteras americanas de hard rock y sleazy son evidentes, tanto en las composiciones, las voces, los coros como las melodías, pero le añaden un toque guitarrero más macarra quizás que otras bandas y eso les da un “no-se-qué” que a mí por lo menos que convenció y mucho. (Ver vídeo)

Cantando en inglés, por cierto con una voz muy destacable por parte de Ion Ziaurritz, al que además de verle perfecto para esta banda me lo imagino viniendole que ni al pelo a una banda que facture música mucho más cañera. No solo por su aspecto (esa barba le delata), sino por su tono de voz y sus registros. Nos ofrecieron buena parte de su primer disco “Past has gone…today is done”, añadiendo alguno de los temas de su mas que inminente segundo disco, que anunciaron entran a grabar en breve. Si a una actuación más que consistente le añades en su parte final una buena versión del “Born to raise hell” de los sempiternos Motorhead, te quedas con un regustillo más que agradable y con ganas no solamente de volver a oír de nuevo esos temas de su primer álbum sino a esperar que salga el siguiente y esta vez prestarles a estos donostiarras la atención que se merecen desde un principio. (Ver vídeo)

Cerraron la noche The Poodles, que acudían esta vez sí con su más reciente disco “Tour de force” ya publicado, cosa que no había sucedido cuando vinieron en Abril del pasado año. Me saldrían granos si no dijera que es una banda ante la que me planteaba una última oportunidad. De hecho probablemente no se la hubiera dado si no fuera porque a mi compañera de aventuras le encanta la banda y salió además una oferta muy interesante de entradas anticipadas a un más que reducido precio. A pesar de que sigo pensando que es un grupo que ha ido de más a menos en su producción discográfica, son más que capaces de ofrecer buenos discos y de mantener un nivel muy aceptable en estudio, aunque se me hace difícil pensar que alguna vez puedan llegar a superar su primer bombazo “Metal will stand tall”. (Ver vídeo)

La auténtica pega que siempre les he encontrado hasta ahora ha sido su directo. En las cuatro o cinco ocasiones que les habré visto hasta este domingo (ya he perdido la cuenta entre sus visitas aquí y las veces que les he visto en el Firefest), nunca salía del bolo totalmente convencido. Siempre era algo así como “vale, sí, molan, pero…”. Todo como demasiado artificioso, programado y especialmente me chirriaba la voz de Jakob Samuel, al que siempre ví falto de tono y no llegando ni de coña a los niveles de sus discos. Todo eso me hizo plantearme seriamente acudir al concierto pero como he dicho antes, diversos factores me acabaron arrastrando. (Ver vídeo)1600977_10152207021149929_548170037_n

Bueno, pues aquí viene el momento en que me toca retractarme de lo dicho, esconder el rabo entre las piernas y gritar a los cuatro vientos virtuales de “la nube” que me encantó el concierto de principio a fin. Me pareció sin duda la mejor de todas las veces que los he visto, con el mejor sonido, la mejor actitud y sobre todo la mejor de las voces por parte de Samuel. Nada que ver con ocasiones anteriores (sin que aquellas hubieran sido tampoco desastres absolutos, no es el caso). El domingo salí pensando “ahora sí…”. (Ver vídeo)

Comenzaron su actuación con “Misery loves company”, el tema que abre su última aportación al género del hard rock sueco y ya se notó desde el comienzo que aquello prometía grandes momentos. He escrito hard rock sueco y he hablado de un género. Alguno/a se echará las manos a la cabeza ante semejante fechoría, pero sigo diciendo que un país con ese tamaño y densidad de población del que han salido tal cantidad de bandas de un mismo estilo se merece ese calificativo con creces. En los últimos años han sido precisamente The Poodles unos de los más destacados, tanto a nivel comercial como internacional, pero seguramente no sean los mejores a ojos vista de muchos aficionados (probablemente tampoco de los míos), dado el nivel que se gastan por allí. (Ver vídeo)

Tras esa primera introducción sonó su himno “Metal will stand tall” y a partir de ahí se fueron entremezclando temas de todos sus álbumes hasta completar una actuación más que notable que dejó un regusto agradable entre los (escasos) asistentes. La abundancia de conciertos, un domingo de invierno y sus continuas visitas (algunas de ellas pelín decepcionantes) son factores que seguramente hicieron descender la concurrencia. Cayeron también “Shut up!”, “Happily ever after” o “Kings and fools” de su última entrega, no desentonando estos en absoluto, dada la misma línea que han mantenido a lo largo de estos años, con temas más manidos como “Shadows”, “Like no tomorrow” o “Seven seas” (esta última sonó como un auténtico cañonazo). (Ver vídeo)

Sin la presencia del guitarrista Henrik Bergkvist, perdido por la selva de Indonesia según palabras literales de Jakob Samuel, su sustituto (cuyo nombre desconozco) superó la prueba con creces, sin hacer decrecer en lo más mínimo el nivel de la guitarra de la banda, a pesar de la enorme presencia física por altura y movimiento a lo que nos tiene acostumbrados Bergkvist. Pontus Egberg estuvo tan eficiente como siempre al bajo y a los coros y Christian Lundqvist cumplió a la batería a pesar de llevar un vendaje en una de sus muñecas a raíz de un incidente del que dijeron se produjo hace un par de semanas. Como descanso para él ofrecieron una versión acústica del tema “I rule the night” que les quedó bastante aseadita. Y Samuel, como comentaba antes, muy bien, llegando a todo, sobrado de voz y afortunadamente más comedido que otras veces en cuanto a cambios de vestuario (aunque el chaleco de pieles indescriptible del final tire por tierra mi teoría) y movimientos prefabricados. Más natural, más orgánico, y eso se nota. (Ver vídeo)

Tras una pequeña pausa volvieron a escena para cerrar con dos temas ya clásicos en sus shows como “Echoes from the past” y “Night of passion” y por ponerles alguna pega, me esperaba algún tema más. La actuación rozó la hora y cuarto, que seguramente suele ser lo habitual, pero dado que aquello se estaba dando tan bien, nos quedamos un poquito cortos. No pretendo ir “de guay” por la vida y no os voy a vender la moto de que fue el concierto del siglo y que lamentareis toda vuestra vida no haber estado allí. Nada más lejos de mi intención. Pero tampoco sería justo no reconocer que el del domingo fue para mí un gran show y sin duda el mejor que yo he podido presenciarles. Ahora a esperar con que nos obsequian la próxima vez, que visto lo visto no creo yo que sea mucho más allá de finales de año…jejeje.

Jorge Delgado

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