CAMEL

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Camel_Flyer-TourEl martes 18 de marzo, la sala Barts de Barcelona acogía a una de las bandas más míticas dentro del panorama del rock sinfónico: los legendarios Camel. El concierto formaba parte de una gira europea que la banda liderada por Andrew Latimer ha emprendido con motivo del cuadragésimo aniversario de The Snow Goose, que incluye no solo la interpretación completa del que es sin duda el disco más emblemático de la banda, sino también un repaso por su extensa discografía. El público, de lo más variopinto, se apresuraba a tomar asiento para disfrutar de lo que prometía ser un concierto inolvidable. No era para menos: en pocos minutos íbamos a presenciar la puesta en escena de uno de los discos clásicos del mejor rock sinfónico de todos los tiempos.

The Great Marsh, la introducción que abre The Snow Goose, no hacía más que aumentar la tensión del público, tensión que se transformó en puro júbilo en cuanto Camel dio paso a Rhayader, cuya melodía principal se cuenta entre las más tarareadas por los amantes del rock progresivo. Desde el primer momento pudimos disfrutar de un muy buen sonido, que acompañaría a la banda durante toda la noche.

Latimer dejaba a un lado la flauta de Rhayader y se hacía con una Stratocaster roja —la misma que suele llevar otro mago de las seis cuerdas, Mark Knopfler— para interpretar uno de los temas más aclamados por el público: Rhayader Goes to Town. Personalmente, siempre he creído que Latimer se cuenta entre los guitarristas más infravalorados de la historia del rock, cuando menos de los de su generación. Pero tras el concierto de la sala Barts no me queda ya ninguna duda: es uno de los mejores. Resulta difícil imaginar cómo a estas alturas es posible aún perfeccionar una interpretación tan magistral como la del solo de Rhayader Goes to Town. Que se lo pregunten a Latimer. Él sí es capaz.

Con tan solo un par de temas, ya se pudo comprobar que Latimer iba a ser el verdadero protagonista de la noche. En una banda con múltiples cambios de formación, Andy Latimer se ha convertido a lo largo del tiempo en el bastión de la identidad de Camel. Le buscan los focos, le buscan sus compañeros, le buscan las miradas del público. Y el bueno de Andy interpreta a la perfección ese papel de frontman, acompañando cada nota con un movimiento de caderas, cada vibrato con algún que otro contoneo y cada bending con una mueca marca de la casa. El larguirucho y espigado Latimer. Puro espectáculo.

Las reposadas Sanctuary y Fritha sirvieron para que todo el mundo pudiera compartir su entusiasmo con la persona de al lado. El tema que da título al disco, The Snow Goose, nos permitía comprobar la gran conexión entre los músicos que hoy por hoy forman Camel. El bajo de Colin Bass y la batería de Denis Clement sonaban a la perfección, lo mismo que los teclados de Guy Le Blanc y Jason Hart. Tras Friendship, formada por un espectáculo visual, llegaba Migration, una de las más esperadas de la noche. Pasábamos el ecuador del disco a través de Rhayader Alone y Flight of the Snow Goose, hasta llegar a los teclados hipnóticos de Preparation. Con Dunkirk Latimer hacía la enésima demostración de su enorme talento. The Snow Goose iba llegando a su fin, pero aún había tiempo para emocionantes momentos de la guitarra de Latimer, como en La Princesse Perdue. «We’ll be back in about fifteen minutes». Tiempo muy justo para digerir una experiencia sonora como la que supone escuchar The Snow Goose en directo.

Tras el descanso, Camel nos deleitaba con una versión acústica de uno de sus primeros clásicos, Never Let Go, completada con uno de los fantásticos solos de Latimer. La pieza escogida de Moonmadness fue Song Within a Song, uno de los temas que sonó más redondos. Me sorprendieron con Echoes, del disco Breathless, que no se cuenta entre mis temas predilectos de Camel, pero que sin duda gana en directo. En esta segunda mitad del concierto se podía observar cómo el protagonismo ya no solo recaía sobre Latimer, sino que también Bass acaparaba buena parte de la atención, gracias entre otras cosas a sus buenas dotes como cantante.

Llegaba el turno para la emocionante The Hour Candle (A Song for My Father), que daba paso a Tell me, de Rain Dances, magistralmente interpretada por Colin Bass. Tras Watching the Bobbins, segundo tema de Harbour of Tears, llegaba uno de los momentos más divertidos y estrafalarios de la noche, con Colin Bass como el verdadero protagonista. La cosa empezó con Bass contándonos un cuento acerca de un zorro llamado Mr Fox —que él mismo y Latimer se encargarían de personificar poco después—, y siguió con la puesta en escena de la festiva Fox Hill, que sirvió para que un teatrero Bass nos hiciera sonreír en más de una ocasión. En For Today, Latimer nos encandiló con otro de sus maravillosos solos, recordando de nuevo al mejor David Gilmour. Aclamados por un público entregadísimo, Camel regresaba al escenario para echar el cierre a la velada con la canción más coreada de la noche, Lady Fantasy, que nos dejó a todos con la sensación de haber asistido a uno de los mejores conciertos de nuestras vidas. Más de dos horas y media de música. Gracias, Camel, y hasta pronto.

 

Daniel Tejerina

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