DESERTFEST – BERLIN

DESERTFEST – Berlin, 24-26/04/2014 (Astra Kulturhaus)

 

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Tres de tres. Por tercer año consecutivo acudí a esta cita ineludible para todos los amantes de los sonidos más electrizantes y psicodélicos del panorama mundial que se celebra el último fin de semana de Abril en ese lugar del crimen al que resulta imposible no volver que es el Astra Kulturhaus. Lugar de peregrinación anual desde que en 2012 comenzó a celebrarse este festival al mismo tiempo, pero con un día de diferencia, en Londres y Berlín. Esta organización conjunta facilita el hecho de poder traer grandes bandas e irlas alternando entre ambas ciudades en días distintos, si bien el cartel nunca llegar a ser exacto en las dos y cada uno de ellos tiene sus propias características e idiosincrasia que les hace distinguirse entre sí. Circunstancias que no vienen al caso me hicieron decantarme el primer año por Berlín y válgame Dios que no me pienso bajar del carro alemán (pese a Merkel) ni por todo el oro del mundo. Una orquestación perfecta de todo el asunto en un marco incomparable hacen de éste uno de los mejores festivales a los que uno ha podido acudir jamás.

La gran diferencia con su hermano británico es que aquí todos los conciertos tienen lugar en un único espacio mientras que en Londres se divide en varios locales distintos, que si bien están todos localizados en el popular barrio de Camden y se encuentran a poca distancia, hace que la experiencia no sea tan fluída. Más aún cuando el cartel allí suele ser mayor en cuanto a número de bandas y éstas se solapan entre sí en los distintos locales, con lo que te toca la siempre desagradable tarea de hacer tu propio planning y decidir a quién vas a ver y a quién vas a tener que desechar, con los consecuentes cabreos que esto suele conllevar. En Berlín no coincide ni una sola banda, con lo que tienes la oportunidad de disfrutar en dos escenarios distintos de la totalidad del elenco de grupos si tus oídos, tus fuerzas y tus piernas te lo permiten. Este año, y sorprendentemente en mi caso, he sido capaz de ver a las 33 bandas que hicieron acto de presencia en el Astra (del que luego hablaré porque merece capítulo aparte), con lo que preparaos porque el publirreportaje que se os avecina puede ser curioso. Y recordad que como siempre esto es simple afición por la música, que aquí uno es aprendiz de todo y experto en nada.

Jueves 24 de Abril (Primera jornada)

A las 18:00 daba comienzo la fiesta, así que unos minutos antes ya estaba uno por allí por aquello de entrar con tiempo, cambiar la entrada por la pulserita de rigor, observar el panorama e ir calentando motores con la primera cervecita del día, que apetecía más aún dado el excelente clima que nos acompañó durante las tres jornadas del festival. Días de cerveza y manga corta. Otros años tampoco nos ha decepcionado el tiempo pero lo de esta edición parecía diseñado adrede. Si bien Berlín es una ciudad que apetece visitar en cualquier circunstancia y momento del año, no es menos cierto que una buena meteorología ayuda a ver esa otra cara oculta de la ciudad que hace salir más a la gente a la calle y animar aún más el ya de por sí interesante barrio de Kreuzberg donde tiene lugar este aquelarre de sonidos variopintos que atrae a un público heterogéneo que va desde el metalero más cásico hasta el hippie psicodélico más recalcitrante, con todas las vertientes intermedias que os podáis imaginar entre ambos extremos, pero todos conviviendo en una armonía excelente y sin la presencia de ningún moderno de postureo. Cosa muy de agradecer comparado con lo que acudiría si esto se hiciera por nuestros lares.

Puntuales como si de suizos se tratara se subieron al escenario Foyer (con vuestro permiso, más conocido desde ahora como el escenario pequeño) los primeros protagonistas. No me negaréis que es curioso, al menos para los hispano hablantes que nos dábamos cita allí, empezar tres jornadas maratonianas con un grupo que se llama Cojones. Vale, es un chiste fácil, pero es que eso es entre otras cosas lo que se necesita para resistir semejante avalancha sónica concentrada en tan poco tiempo. Este grupo croata tenía el a veces dudoso placer de inaugurar los festejos, porque nunca es fácil ser la primera banda y pillar todavía frío al personal, que además todavía no alcanzaba un número demasiado elevado a esas horas. Pero la verdad es que no lo hicieron mal para la ingrata labor que se les asignó. (Ver vídeo)

 

Eso sí, si quieres té toma dos tazas. Eres el primero de treinta y tres y en la primera canción se le rompe una cuerda de la guitarra al cantante. Alguno se hubiera desmoralizado del todo pero lo cierto es que se vinieron arriba ante las adversidades y acabaron dando un concierto digno. No es que vayan a revolucionar el mundo de la música y probablemente nunca pasen de esas filas más pequeñas en las listas de los festivales pero se nota que creen en lo que hacen y que disfrutan con ello y eso al menos basta para que uno se entretenga con su propuesta. Le echaron al asunto ni más ni menos que lo que su propio nombre indica y sin romper moldes nos dieron una pequeña muestra del stoner más clásico por el que muchos nos desplazamos hasta allí, aunque incluyendo algún elemento del folclore popular croata, como el sonido de una flauta en mitad de una de sus canciones. Un grupo que es habitual por otra parte de carteles de este tipo y que ya ha actuado en otros eventos similares como el Stoned from the Underground, con lo que no resultaban desconocidos para la audiencia y con temas como “Colour” o “Sacred fire” de su último disco “Bend to trascend” (en el que basaron sus cuarenta minutos) calentaron al menos lo suficiente el ambiente como para que al terminar su actuación uno se quedara con la sensación de que esto prometía. (Ver vídeo)

 

Los canadienses Anciients fueron para mí la primera sorpresa del elenco. Porque de eso se trata muchas veces aquí, de acudir a ver a bandas consagradas para uno mismo y que o ves aquí o no los ves en tu vida, pero también de ir con los oídos abiertos dispuesto a empaparte de nuevos grupos desconocidos hasta entonces. Es verdad que uno a veces hace los deberes y escucha a alguna de esas bandas que desconoce, pero yo cada vez lo hago menos y tiendo más a dejarme llevar, plantarme en un buen lugar cerca del escenario y que pase lo que tenga que pasar. Solamente cosas buenas me pasaron con Anciients. Son los teloneros de la actual gira europea de ASG, que también actuarían más tarde, y a buena fe que saben elegir a sus acompañantes porque para mí hicieron un concierto redondo. Practicando un metal progresivo contundente, con una buena colección de riffs, agresivo por momentos e incorporando de vez en cuando ramalazos del thrash más clásico de los ochenta me convencieron de lo lindo. (Ver vídeo)

 

Con solamente un disco en el mercado, “Heart of oak”, prometen darnos grandes momentos si siguen en esta línea. Un sonido que se podría asemejar en ocasiones a grupos como Opeth o Baroness, pero que en cualquier caso desatan una tormenta de melodías heavy tan convencidos de lo que hacen que se hace imposible quedarte indiferente. Un cuarteto formado por Kenny Cook a las voces y la guitarra, Aaron Gustafson al bajo, Mike Hannay a la batería y Chris Dyck como segundo guitarra y apoyo vocal. Si han sido capaces de facturar un primer disco como este, solo me puedo esperar un futuro lleno de esperanzas. Dinámica, esa es la palabra que mejor definiría su actuación. Cambios de ritmo constantes mediante transiciones muy bien disimuladas que le dan una fuerza al conjunto que acongoja más que el nombre de sus predecesores en el festival. Dinámica, pura dinámica. Me declaro desde ya fan de Anciients. Os dejo con un tema que les define como banda, especialmente el nombre del mismo, “Giants”. (Ver vídeo)

 

Del tercer grupo en discordia tenía buenas referencias propias en cuanto a sus discos, tanto de su homónimo como de su más reciente “Buffalo” y grandes opiniones en cuanto a su directo, ya que hace unos meses actuaron en Barcelona y el regusto general que quedó entre los amigos asistentes fue más que bueno. Pues cumplieron con creces las espectativas. Bandaza en vivo. Obviamente te tiene que gustar esa versión tan particular que practican del stoner mezclado con las más puras raíces de la música del delta del Mississippi, pero si eres amante de esas melodías guitarreras llenas de alma y una de esas voces pantanosas, ésta es tu banda: The Midnight Ghost Train. Cuarenta minutos de bolo que se me hicieron cuatro, porque si algo caracteriza a esta banda es la intensidad que le ponen a lo que hacen y su pasión. (Ver vídeo)

 

Está terriblemente manido el tópico de que los discos no reflejan el directo de sus grupos pero este es un ejemplo de ello, por mal que quede volver a usarlo. Pasión, corazón, entrega y más pasión. En una colección de canciones cortas que empalman sin solución de continuidad hasta dejarte exhausto. Para mí uno de los triunfadores del día, por muy abajo que estuvieran en el listado, porque basta oírles y verles para notar a la primera que estar encima de un escenario es su modus vivendi y aquello para lo que han nacido. Obviamente esto es cuestión de gustos personales, pero es que a mí me pones esos riffs que se marca el amigo Steve Moss y le sumas esa voz cavernosa digna del mejor Obélix habiéndose caído de pequeño en una marmita de bourbon y me tienes ganado por los siglos de los siglos. Enorme concierto el de los oriundos de Kansas y primeras movilizaciones en las filas más próximas al borde del escenario pequeño. Ahora sí estaba definitivamente caliente la atmósfera y nos disponíamos a lo mejor desde entonces. (Ver vídeo)

 

Con mucha expectación personal esperaba el show de Siena Root, una banda muy peculiar por la que siempre me he sentido especialmente atraído musicalmente y que incluso habiendo tocado en España no había tenido la ocasión de presenciar nunca en vivo. No me defraudaron lo más mínimo y de hecho me lo pasé como un enano con su concierto. Los suecos han desarrollado a lo largo de su trayectoria una interesante mezcla de estilos musicales incorporando todo tipo de influencias pero se basan en un hard rock setentero con una gran base de blues y experimentación psicodélica que te dejan en vivo con la sensación de estar viendo a unos Deep Purple en cualquiera de sus mejores momentos. Porque esos temas largos en los que sobresalen las improvisaciones tan característicos de los británicos son una de las señas de identidad de estos nórdicos. (Ver vídeo)

 

Con una enorme capacidad en vivo fruto de muchos años de patearse escenarios sin parar nos deleitaron durante algo más de 50 minutos con su proposición musical impecable y dejaron con la boca abierta a más de uno en el camino. Una experiencia emocional y no solamente visual en la que destaca ese sonido pesado del teclado con una presencia predominante en el sonido de la banda y que acompañado por la excelente calidad instrumental del resto de componentes y una gran voz acorde con el conjunto, hacen de Siena Root un experimento en movimiento perpetuo que cualquier aficionado mínimamente interesado en esto de la música no debería perderse al menos en una ocasión. Aplausos unánimes al finalizar cada uno de los temas y una ovación final que delata que no estábamos ante un grupo del montón y que destila calidad a raudales por todos y cada uno de sus poros. La espera bien valió la pena. (Ver vídeo)

 

Mi segundo sorpresón personal del día vino de la mano de los norteamericanos Sixty Watt Shaman. Un grupo al que no había escuchado en mi vida y no me duele en prendas reconocerlo. Esto de que a uno le guste tanto el azúcar como los tornillos hace que ante tal amplitud de espectro me resulte imposible conocer y mucho menos escuchar todo lo que cabe ahí dentro. Solamente sabiendo de antemano que es un grupo que publicó varios discos a finales de los noventa y primeros de los dos mil y que desde entonces habían permanecido prácticamente en el anonimato, me presenté en primera fila para ver si tenían algo productivo que ofrecerme. Joder si lo tenían. ¿Por qué demonios no escuché a este grupo en su momento?. No es algo en lo que vaya a perder más tiempo, mejor lo emplearé en hacerme con esos discos y esperar que esta reunión no se quede en agua de borrajas porque esta gente merecería ser reconocida. (Ver vídeo)

 

Unos ritmos endiablados cortesía de la guitarra de Joe Selby, unas líneas de bajo oscuras y espesas proporcionadas por el autodenominado reverendo James Forrester y su Rickenbacker tocado sin púa como debe ser (la sombra de Cliff Burton es muy alargada). Un competente batería llamado Pete Campbell y una de las mejores voces que han pasado por la edición de este año del Desertfest, las cuerdas vocales de Dan Kerzwick. Un señor cantante que contribuyó con su gran tonalidad a completar un concierto de stoner plagado de ritmos contoneantes y riffs que no desmerecen en lo más mínimo a los escuchados en los discos de Down o los últimos álbumes de Corrosion of Conformity con Pepper Keenan en sus filas. Porque los de Maryland le dan a su música ese toque de metal sureño fruto de muchos años de atiborrarse a whisky que tanto ha proliferado en los últimos años y que para mi desconocimiento ellos habían practicado hace mucho tiempo. (Ver vídeo)

 

Después de la tempestad viene la calma y me trasladaba entonces al escenario grande a presenciar la actuación de Sleepy Sun. Esta era una de las bandas a las que había escuchado antes de desplazarme a la capital germana y lo cierto es que no me habían entusiasmado precisamente. Algo que me terminaron de confirmar con su actuación. Quizás fruto de la apabullante propuesta que venía de presenciar o simplemente porque no me transmiten sin más, me pareció el show más aburrido de los pude presenciar en esta primera jornada. La psicodelia es uno de los elementos predominantes en este festival desde sus comienzos, especialmente en la versión alemana del mismo, porque parecen tirar más esos sonidos por esas tierras y uno se ha hartado de ver bandas de ese calibre, pero hay formas y formas, como en todos los estilos y la de esta banda no me convence. Tan simple como eso. (Ver vídeo)

 

Lo que no les puedo negar es que hacen honor a su nombre. Unos cambios de ritmo demasiado forzados para mi gusto y una excesiva alternancia de partes más o menos rockeras con pasajes ultra tranquilos que a mí particularmente me pusieron de los nervios. Me daba la impresión de que los de San Francisco se habían empapado demasiado del Flower Power que flotó en el ambiente de su ciudad a finales de los sesenta y que no habían salido de ahí. Como siempre esta opinión es personal e intransferible, ya que seguro que hubo personal que disfrutó de lo lindo su actuación, pero yo a los veinte minutos decidí dar un paso atrás, recuperar fuerzas a base de bradwurst y un poquito de silla y prepararme para la recta final del día. Soporífero. (Ver vídeo)

 

ASG era una de las bandas más esperadas y no creo que solamente por mí, porque el escenario pequeño presentaba un lleno bastante importante tiempo antes de la hora programada para su presentación. Formados en 2001 en Carolina del Norte, publicaron varios discos hasta que en 2007 apareció “Win us over”, un disco muy a tener en cuenta y seguramente el mejor hasta la fecha. Sin embargo de ahí en adelante tuvieron una trayectoria dubitativa y no fue hasta el año pasado cuando volvieron y de qué manera con “Blood drive”, una auténtica declaración de intenciones y uno de los mejores discos del género del año pasado sin duda alguna. Capitaneados por la inconfundible voz de Jason Shi, se les tenía muchas ganas. (Ver vídeo)

 

Alternando canciones de puro rock distorsionado con otras de melodías y estribillos pegadizos, siempre se han movido con soltura en ambos terrenos dando lugar a temas que bien podrían facturar los últimos Foo Fighters y otros que no desmerecerían en un álbum de Torche o Fumanchu. Lo que está claro es que años de gira y carretera les contemplan y eso se nota en su presencia sobre las tablas. Vinieron, vieron y triunfaron. Pero faltó algo. ¿El qué?. Pues días después me lo sigo preguntando. ¿Sonaron mal?. No. ¿Tocaron mal?. No. ¿Mala actitud?. En absoluto. (Ver vídeo)

 

De hecho sonaron genial y divirtieron al respetable, incluyéndome a mí, que disfruté bastante, pero no sinceramente tanto como esperaba. Quizás es que todo sonó demasiado perfecto y yo me lo imaginaba todo más sucio o más enmarañado. No sé, seguro que son paranoias mías, porque gustarme me gustaron, y mucho, pero sigo pensando que algún elemento de la ecuación faltó para que no fuera un concierto redondo. Extrañó además el poco tiempo que estuvieron sobre el escenario, ya que apenas tocaron un poco más de media hora cuando tenían prevista una actuación de cincuenta minutos. Puede ser problema personal, uno se espera algo con tantas ganas que cuando te quedas al 80 % parece que no ha sido suficiente. Aún y con esas, ASG no defraudaron ni por casualidad y pienso repetir si alguna vez consigo volver a cruzarme en su camino. (Ver vídeo)

 

SpiritCaravan01Llegó la hora de los cabezones de la primera jornada: Spirit Caravan. He de reconocer que no les tenía demasiada simpatía. No porque no me gustaran, que sí me gustan de hecho, pero tampoco me parecían un proyecto lo suficientemente grande como para encabezar un festival como éste. Está claro que estamos hablando de Wino Weinrich, miembro de Saint Vitus, The Obsessed y punto de referencia y piedra filosofal de todo lo que tenga que ver con el underground. Como leyenda en vida que es ya tuvo presencia en la primera edición del festival, actuando en formato acústico ante una audiencia que llenaba hasta no caber un alfiler, la pequeña sala que el festival dedica a exposiciones de obras artísticas y proyecciones de documentales. (Ver vídeo)

 

Creados en 1995 y desaparecidos en 2002, en esos años tuvieron tiempo de publicar dos discos completos, un ep y un split curiosamente compartido con una de las bandas protagonistas de la tarde, Sixty Watt Shaman. A pesar de esa prolífica producción, no dejó de ser uno de los tantos proyectos de ese culo de mal asiento que es el incalificable Wino y se quedaron en la cuneta hace doce años para no reverdecer sus laureles hasta este año, cuando no sé si por iniciativa propia o por presiones de los propios organizadores del Desertfest, volvían a la más rabiosa actualidad. El hecho de llevar tanto tiempo desaparecidos y que sus obras tampoco fueran la panacea, por más que no estuvieran mal, me llevaba a dudar de su carácter de cabeza de cartel de un festival. Una vez más, y no se cuántas irán ya, metí la pata hasta el fondo con mi opinión previa. Y es que después de lo presenciado el viernes no me quedó más remedio que envainármela y descubrirme el sombrero ante Spirit Caravan. (Ver vídeo)

 

¿La razón?. Pues porque se marcaron un concierto del quince. Porque la última vez que pude ver a Wino hará 3-4 años en su visita a Madrid con Saint Vitus le ví infinitamente inferior en cuanto a estado de forma, tanto física como vocal, mientras que el otro día estuvo a pleno rendimiento. Porque unos temas que en disco solamente me llamaban la atención, en directo me reventaron los tímpanos. Porque contaron con uno de los mejores sonidos de todo el festival. Y porque la banda sonó cohesionada como si no llevasen doce años sin juntarse. La guitarra y la voz cazallera de Wenrich dominaron el escenario como solamente alguien que lleva un porrón de años en esto sabe hacer y la compañía que le hicieron Dave Sherman al bajo y por encima de todos Gary Isom a los tambores dio como resultado una hora y cuarto de placer que sorprendió a propios y extraños. O al menos conmigo lo consiguió, porque esperándome un semi desastre me encontré con un goce fantástico. (Ver vídeo)

 

Temas rondando los tres/cuatro minutos máximo, en una línea similar a la marcada por The Obsessed pero dotándoles además de una actitud punk y un halo de psicodelia marca de la casa Wino, hasta llegar a los 15 o más temas y concluyendo con un par de versiones entre las que pudimos escuchar una de los añorados Saint Vitus. No sé si Wino se ha reformado y por eso está mejor o se mete más que nunca o algo nuevo que no se había metido hasta ahora, pero si es capaz de aguantar así unos años más bien por nosotros. Y si tenéis la oportunidad en algún momento de toparos con esta reunión de Spirit Caravan no seáis como yo, no dudéis y acudid raudos y veloces. No lo lamentaréis. (Ver vídeo)

 

Llegados a este punto y tras el subidón inesperado quedaba una sola banda por hacer acto de presencia, los también desconocidos para mí Pet The Preacher. Pues bien, para no desentonar con el resto de la noche, me encontré con otra agradable sorpresa. Estos daneses cuentan con un solo disco en su haber, “The banjo” y justamente ahora publican su segundo larga duración. Esa fue la “excusa” para su inclusión en el line up del festival, la presentación en sociedad por primera vez de los temas que compondrán ese su segundo disco que lleva por título “The cave and the sunlight”. Ante una suculenta audiencia que permaneció allí hasta pasadas las dos de la madrugada desgranaron esos temas dejándome con un regusto más que agradable. (Ver vídeo)

 

Se presentaron en escena pseudo maquillados, con sus cuerpos cubiertos con una especie de manchas de grasa, tal y como si acabasen de salir de currar de su taller de reparación de coches y hubieran llegado con el tiempo justo para subirse a tocar. De tal guisa nos ofrecieron un recital de melodías con cierto toque prog pero con grandes tintes metálicos y un rastro evidente de heavy metal clásico plagado de estrofas distorsionadas en las que se intercalaban pasajes más tranquilos o atmosféricos. Una buena presencia escénica que combinada con sus evidentes habilidades pueden hacer de este un grupo a tener en cuenta en un futuro próximo. Desde luego los temas que interpretaron de ese segundo disco sonaron como cañonazos en vivo, así que habrá que estar atentos. Yo de momento me los apunto, que soy de memoria frágil: Pet The Preacher. (Ver vídeo)

 

 

Viernes 25 de Abril (Segunda jornada)

Desayuno reparador. El madrugón del día anterior para llegar al aeropuerto, el vuelo, el traslado hasta el hotel junto con las más de ocho horas de música sin parar del primer día habían hecho su mella (también la colección de cervezas, no engaño a nadie). Resultaba imprescindible ponerse a tono para recuperar parte de las fuerzas y las neuronas que uno había dejado esparcidas por los escenarios y las barras del Astra la tarde/noche anterior. Nada que asuste por otra parte a un espécimen curtido en estas batallas como el aquí firmante. Así que tras dormir, comer y beber adecuadamente (sustancias naturales, por favor, que quedaba mucho día y cebada por delante) ya estaba uno rondando la sala a eso de las 15:00 horas, ya que el primer grupo del día tenía prevista su actuación a las 15:20. Ya sabía de antemano gracias a una comunicación en la página oficial de Facebook del evento que uno de los grupos de hoy se habían caído finalmente, en este caso los franceses Huata, pero habían sido diligentemente sustituidos por Grandloom (como bien citaban distintos carteles distribuidos a lo largo del recinto), en un alarde de rapidez y preocupación por el que paga la entrada para un espectáculo solamente digno de ocurrir de los Pirineos hacia arriba.

A las 15:20 comenzaba puntual su concierto el trío berlinés Red Stoner Sun, que jugaban con la ventaja de ser de la ciudad y tener al menos esa ayuda como forma de romper la barrera que supone siempre ser la primera de una tanda enorme de bandas y comenzar a una hora tan temprana. Con tan solo discos que sorprendentemente están separados por nada más y nada menos que trece años de distancia, nos ofrecieron una colección de temas de rock desértico y vueltas de tuerca al sonido más psico de los setenta, hasta completar 40 minutos de una actuación bastante correcta. No descubrieron nada nuevo y no pasarán a forma parte de mi lista de bandas a seguir con atención pero tampoco puedo decir que dieran un concierto malo. (Ver vídeo)

 

Combinaron temas de su ya lejano primer álbum “El Paso Vol. II” y de su reciente “Echo return”. En formato trío, como suele ser costumbre y práctica habitual en este tipo de bandas, se les nota que saben lo que hacen y no son novatos en lo suyo aunque quizás ese lapso de tiempo tan grande entre los discos se note a la hora de subirse a un escenario (por más que me imagino que habrán tenido otros proyectos durante esos años) y haga que su performance acabe siendo un poco fría. Al más puro estilo alemán, la comunicación fue la justa, pero a pesar de ello parecieron convencer a los presentes. A mí personalmente me entretuvieron sin más y al menos consiguieron que no me durmiera a esas horas tan intempestivas y teniendo la comida aún en el estómago y eso ya les da cierto mérito. Muy normalitos. (Ver vídeo)

 

Apenas veinte minutos después del primer concierto y tras los rápidos cambios de rigor, continuaba la sesión en el escenario pequeño con otro grupo alemán, en este caso procedente de Hamburgo, The Moth. Otra banda a la que desconocía pero que me causó gratas impresiones y desde luego bastante mejores que las de sus precursores sobre las tablas. También en formato trío, aunque esta vez con presencia femenina al bajo y a la voz, desplegaron una mezcla de doom y sludge curiosa, especialmente porque conseguían sonar a esos estilos pero sin la necesidad de pisar el acelerador a fondo o desgañitarse hasta destrozar la campanilla como les ocurre a muchas otras formaciones similares. (Ver vídeo)

 

Buenos intercambios vocales entre la voz femenina de Cècile Ash y las partes más guturales del guitarrista Frederik Morhdiek, que logran dotar de cierto aspecto formal a su propuesta y que la hacen ligeramente diferente del resto, cosa de admirar dentro de un estilo por lo general bastante inamovible. Su única referencia discográfica hasta el momento, “They fall”, puede servir como referencia para abrir nuevos caminos dentro del género y a mí por lo menos me hicieron pasar un rato muy entretenido y disfrutar de lo lindo tanto de esos temas más “relajados” como de otros de puro desenfreno como tampoco se podía esperar menos. Muy interesante la aportación femenina, aportando matices distintivos con su no menos curioso bajo de tres cuerdas. (Ver vídeo)

 

Por primera vez en el día tocaba desplazarse al escenario grande para ver a la siguiente banda, los italianos Black Rainbows, a quienes ya me había extrañado no ver sobre el tapete del Desertfest en anteriores ediciones del mismo. Primero porque son una banda que lleva cerca de 10 años en esto pateándose los escenarios de toda Europa y siendo muy prolíficos en cuanto a publicaciones. Y segundo porque son italianos, de Roma para ser más exactos y bien es sabido por parte de los amantes del género la enorme presencia que éste tiene en dicho país, por muy raro que suene o parezca. De hecho todos los años la presencia de la colonia italiana en el festival suele ser importante y hacerse notar y no iba a ser menos este año con la actuación de una de sus bandas madre y fetiche. (Ver vídeo)

 

Buena parte de esa audiencia italiana plagaba las primeras filas y la zona central del escenario principal jaleando todos y cada uno de los temas del combo y hay que reconocer que no es simple chovinismo a la romana, porque la banda se lo merece. Era la primera vez que podía verles en vivo y lo cierto es que me dejaron un sabor de boca excelente. Con ese sonido de proto heavy psicodélico en el que tanto se notan influencias de Kyuss como de grupos añejos como Blue Cheer o especialmente MC5 (de los que se marcaron una excelente versión de su tema “Black to comm”), el grupo liderado por el guitarra y cantante Gabriele Fiori triunfó de lo lindo. Bien es cierto que muy mal tenían que hacerlo ante semejante panorama pero no defraudaron lo más mínimo y se llevaron de calle al personal. Encantado de poder haber saldado la cuenta pendiente que tenía con uno de los pilares europeos del estilo en los últimos años. Por algo fueron el primer grupo confirmado de la edición de este año. Creo que los propios organizadores sabían que se lo debían. (Ver vídeo)

 

De vuelta al escenario pequeño nos encontrábamos con los locales Grandloom, quienes venían a sustituir a última hora a los franceses Huata como he mencionado antes. Un trío instrumental simplemente espectacular al que uno tuvo la fortuna de ver en la primera edición de este mismo festival en el año 2012. A raíz de la sorpresa que me supusieron en aquella ocasión, ya había investigado en sus referencias y resulta singular que la primera fuera un ábum en directo, algo poco común hoy en día. Tras él vinieron un ep y su primer disco en estudio, “Sunburst”, y ansiosos andamos sus seguidores de que nos presenten nuevo material, porque la banda merece muy mucho la pena. Se me ve el plumero con esta gente, pero no puede ser menos cuando es uno el que escribe, por muy objetivo que trate de ser. (Ver vídeo)

 

La tentación a sucumbir al tedio con este tipo de grupos puramente instrumentales es rota por el propio trío desde el momento en que saben alternar pasajes serenos con auténticas estampidas sónicas que te taladran los oídos, sin que unos se impongan sobre los otros y combinándolos magistralmente, de tal manera que en ningún momento te sueltan y te dejan caer en la dejadez. Todo esto además culminado por la labor de uno de los mejores bajistas que uno ha podido presenciar en la totalidad del festival (y fueron unos cuantos los que destacaron). Como no, armado con el legendario Rickenbacker y tocado con los dedos. Esto ya lo mencioné antes, ¿no?. Pues no será la última, ya se siente, pero cada uno tiene sus obsesiones y yo aprovecho este espacio que me dejan para exprimirlas. Grandloom, unos sustitutos improvisados que acabaron siendo protagonistas. (Ver vídeo)

 

Vuelta al escenario grande para ver a uno de los grupos que uno esperaba ver en qué forma se encontraban y de nuevo una grata sensación. Los norteamericanos Gozu me lo pusieron en bandeja para disfrutar de lo lindo. El cuarteto originario de Boston nos voló la cabeza con sus riffs penetrantes que lo mismo suenan a stoner rock que a doom e incluso en algunas, aunque breves ocasiones, a puro death metal. Cuentan con dos grandes discos en su haber: “Locust season” y “The fury of a patient man”, siendo este último título la forma más adecuada de describir a su vocalista y guitarra Marc Gaffney, quien desde una apariencia de calma y serenidad logra transmitir los polos opuestos. El hiper energético guitarrista Doug Sherman sirve como contrapeso en vivo con sus movimientos constantes y su curiosa forma tan alta de sostener la guitarra y la sección rítmica que componen Joe Grotto y Barry Spillberg dotan de una contundencia brutal a su sonido. (Ver vídeo)

 

Es realmente gratificante cuando uno disfruta de un grupo en disco sin la menor pretensión de poder verles alguna vez en vivo y sin embargo llega el momento en que por alguna extraña alineación planetaria consigues pillarles por banda en la que hasta el momento creo que está siendo su primera incursión por tierras europeas. Mayor son aún las alegrías cuando el concierto que te ofrecen es tan bueno como el que uno pudo ver. Supongo que a veces nos pueden las filias y las fobias pero yo desde luego tengo cero peros que ponerles. Me suponen un soplo de aire fresco en el panorama y más cuando son capaces de combinar la seriedad de su propuesta musical con un evidente sentido del humor en los títulos de sus canciones, tales como “Disco related injury” o “Charles Bronson pinchot”. Qué no siempre hay que poner cara de vinagre cuando haces música. Un poquito de comedia y no tomarse demasiado en serio a uno mismo suele dar buenos resultados y Gozu pueden ser un buen ejemplo de ello. (Ver vídeo)

 

Uno de los momentos más deseados particularmente por mí en esta edición llegaba a continuación. Tras tres años de festival y la aparición en sus distintos escenarios de bandas procedentes de distintos continentes e incluso países de lo más exótico, por fin contábamos con la presencia de la primera banda nacional para representarnos y demostrar que aquí también somos capaces de llevar  a cabo con excelentes resultados muchos de los diferentes estilos que se presentan habitualmente en este evento. El honor recayó en los barceloneses Prisma Circus, quienes han conseguido hacerse un hueco en la escena europea y que visto lo visto el pasado viernes no pueden hacer más que subir como la espuma. ¿Acaso toca ahora chovinismo ibérico?. Pues a lo mejor, pero a mí me dejaron con la boca abierta en ésta la primera ocasión que tenía de ver su directo. (Ver vídeo)

 

Joaquín Escudero (bajo y voz), Óscar García (guitarra) y Alex Carmona (batería) conforman un triplete en el que uno no sabría sinceramente con cual de ellos quedarse. Son los tres tan buenos en sus instrumentos y se compenetran tan bien, que no es de extrañar la reacción que suscitaron entre el público que presenciaba su actuación. Cuentan con un único álbum, nunca mejor titulado como “Reminiscences”, en el que se notan sus raíces asentadas en el rock psicodélico de los años sesenta y setenta y que cargan en sus temas con todo lo que le hizo popular: líneas de bajo ampulosas y blueseras, melodías salvajes a la guitarra salteadas por solos enmarañados y una batería poderosa con una presencia constante en todo momento. Prometen grandes momentos si ya su primera publicación contiene los temas que contiene y su directo solo puede ir a mejor a base de la tunda de conciertos que se están dando por toda Europa. (Ver vídeo)

 

En un pequeño acto reivindicativo que no irá más allá de aquí, declaro mi rechazo frontal a la ausencia de presencia hispana en el festival. Afortunadamente han reaccionado a tiempo y Prisma Circus han resultado ser una más que digna primera avanzadilla, pero es que uno se para a pensar en la cantidad de bandas de estilos distintos que podrían arrasar el Astra por completo y me faltan folios: Viaje a 800, Adrift, Horn Of The Rhino, El Páramo, Arenna, The Ancient Secrets of Levitation, Cobra, The Soulbreaker Company y tantísimos otros nombres que ahora no se me vienen a la cabeza y a los que pido perdón de antemano. La lástima es que practicar estos estilos en España es sinónimo de ir de culo contra el viento pero que el ejemplo de Prisma Circus o de los bilbaínos Horn Of The Rhino sirva a otros para darse cuenta de que es posible salir de nuestro pozo y ver la luz al final del túnel en el que termina la península ibérica. (Ver vídeo)

 

Si aquella primera vez que pude ver en directo a Church Of Misery en la sala Santana 27 de Bilbao en la primera edición del Kristonfest mis sensaciones fueron alucinantes, no menos lo fueron el pasado viernes en su aparición estelar sobre el escenario mayor del Desertfest. Los japoneses dieron una auténtica lección musical que podría calificar personalmente como lo mejor del día si no fuera por el huracán nórdico que se llevaría todo por delante un par de horas después. Fueron una de las últimas confirmaciones del festival y una alegría enorme para completar un ya de por sí variado e imponente cartel. Un grupo que lleva casi veinte años en activo y que ha sobrevivido a multitud de cambios en sus filas, lo que lejos de amedrentarlos les ha llevado a alcanzar las más altas cotas, tanto a nivel musical como de popularidad. Permaneciendo Tatsu Mikami como bajista y único miembro fundador de la banda en activo revientan tímpanos allá por donde pasan. (Ver vídeo)

 

Lo que comenzó allá por 1995 siendo una pura encarnación de Black Sabbath adaptada al estilo japonés, significando eso lo que quiera significar, se ha convertido con los años no solamente en un homenaje a los maestros de Birmingham sino en una entidad propia que manteniéndose fiel al legado de la banda británica ha sabido evolucionar dentro de los terrenos musicales en los que se mueven hasta lograr su propio estatus como banda y dejar de ser considerados unas meras fotocopias del original para pasar a engrosar las filas de las mejores bandas de doom que uno pueda echarse a la cara en la actualidad. Recuperando temas más clásicos, se centraron sobre todo en sus  últimas entregas, “Houses of the unholy” y “Thy kingdom scum”, dejándome perplejo con su brillante interpretación plagada de distorsión en todos los instrumentos y voces hasta casi hacer sangrar los oídos. Muy grandes Church Of Misery. (Ver vídeo)

 

Después de semejante demostración, difícil panorama se les presentaba a los neoyorquinos Hull. No se le puede poner muchos peros a su intentona, salvo que a mí personalmente no me convenció excesivamente. No se les puede negar que aplastan cerebros allá por donde pasan con su sludge más potente y clásico, pero no me terminaron de llegar. Las voces especialmente no me parecieron su fuerte, aunque por lo general mucha gente piense que no sea el aspecto más importante de esta propuesta, pero cuando te topas con una buena se nota y la diferencia es abismal. En sus 45 minutos de actuación masacraron al personal, levantaron pogos en las primeras filas y dieron de sí probablemente todo lo que sus seguidores más acérrimos esperaban. Pero no fue mi caso. (Ver vídeo)

 

Sería injusto afirmar que dieron un mal show pero no siempre todo es percibido por todo el mundo por igual y mi sensación fue la de escuchar algo que ya he escuchado demasiadas veces y que no me ofrece nada nuevo. Ofrecieron temas de sus dos discos publicados hasta la fecha, “Sole lord” y “Beyond the lightless sky” y también su más reciente publicación en formato single, un tema de sus comienzos que por unas u otras vicisitudes no había visto la luz hasta este momento: “Legend of the swamp goat”, del que podéis ver su interpretación en el siguiente vídeo. (Ver vídeo)

 

El cuarteto danés Causa Sui simple y llanamente arrasó el escenario grande con una soltura y una grandilocuencia digna de las mejores bandas del género. Ahora bien, ¿cuál es su género?. Si por algo se caracteriza esta versión germana del festival es por su mayor variedad a la hora de incorporar estilos más psicodélicos pero con esta banda creo que han superado todos los límites que hasta ahora se hubieran podido poner. Un grupo cuya enorme variedad de canciones, fruto de una producción musical que parece brotar a chorros de las mentes y las extremidades de sus componentes, van desde el lado más ácido del rock sesentero a los orígenes más remotos del hard rock de la década posterior, pasando entre medias por interminables pasajes jazz que hacen del hecho de tratar de definir el estilo de este grupo un reto difícilmente superable. Huelga decir que la capacidad instrumental de estos tipos es abrumadora. (Ver vídeo)

 

El caso es que uno no pudo más que limitarse a mover la cabeza de arriba a abajo cuál muñeco de José Luis Moreno y abrir la boca de admiración como ballena en busca de alimento, con babilla escapándose por la comisura del labio (faltaría más). Su último álbum “Euporie tide” era la única referencia previa con la que me situaba ante ellos, y no es desde luego mala carta de presentación, pero es que no es nada comparado con el resto. En un estilo radicalmente distinto al que acabábamos de vivir en el escenario pequeño y del que vendría a continuación en el mismo emplazamiento, Causa Sui salieron a devorarse al público que abarrotaba el recinto grande y si tengo que juzgar su actuación en base a los aplausos y las caras del respetable, solamente puedo calificarla de sobresaliente. A veces, o siempre, en las diferencias está la clave y la virtud y de ella van bien sobrados los amigos. Dentro de esta vertiente (llamémosla ácida) del festival, el mejor grupo que he visto sobre las tablas en las tres ediciones. (Ver vídeo)

 

El trío de stoner / doom Elder era otra de las bandas que uno esperaba con ardor. Tras haber machacado hasta la saciedad sus dos discos “Elder” y “Dead roots stirring”, su posterior ep Spires burn” y su tremebunda actuación del año pasado en esa meca de todo este asunto que es el festival Roadburn y que está disponible en su totalidad en internet al alcance de cualquiera, las expectativas eran máximas. Otra triunfada más, para que negarlo. En primera fila del escenario menor disfruté como un gorrino revolcándose por el barro de la colección de temones que nos ofrecieron los de Boston. Probablemente no inventan nada nuevo pero es que seguramente no lo pretendan ni falta que les hace. En un seis años de trayectoria nos han deleitado con esos ritmos inmensamente heavys, esas transiciones hipnóticas y esos riffs abrasadores sellos del estilo. (Ver vídeo)

 

Nick Disalvo, Matt Couto y Jack Donovan defendieron a capa y espada ante el público su propuesta clásica del género logrando la máxima atención por parte de los que allí nos encontrábamos y recogiendo vítores y ovaciones durante el viaje. Alcanzaron momentos épicos mediante melodías que les encumbran desde su base más dura hasta esos lugares hipnóticos en los que uno puede perderse simplemente cerrando los ojos y dejándose llevar. Esa es una de las características de esta propuesta y aseguro que no es necesario ir puesto para disfrutarlo. Unas cuantas cervezas bastan y sobran para ayudar. No me quiero ni imaginar lo que verían aquellos que le habían dado previamente a sustancias varias. Un muy pero que muy buen concierto de un grupo que llegó al movimiento para quedarse, esperemos que por muchos años más en esta misma línea.

Llegaba entonces el momento cumbre de la noche del viernes y de la segunda jornada, la presencia de los noruegos Kvelertak. Una banda a la que yo había tenido la suerte de ver hace tres años en Graspop, cuando su disco homónimo ya había despertado un enorme interés entre las distintas vertientes del mundo metalero. Prueba de ello era el llenazo que presentaba la carpa en la que tocaron y la enorme respuesta popular ante lo que allí pudimos presenciar. Me encantaron, pero me quedé con la copla de poder ver a este grupo en una sala pequeña o un recinto cerrado, dónde creía que se podría apreciar mejor su música y pensaba que era su hábitat natural. Una condena de tres años me había costado pero ahí estaba para resarcirme. (Ver vídeo)

 

Era más que evidente que la expectación del resto de la sala era al menos similar a la mía, aunque por estas tierras han podido disfrutar de ellos ampliamente, y los nórdicos no solamente cumplieron con lo que se esperaba de ellos sino que lo superaron con creces. Madre mía del amor hermoso y de mis entretelas, que diría mi madre. Me pasé su hora y veinte de actuación con la misma ilusión con la que un adolescente descubre el porno gratis en internet. Si su primer disco ya era increíble, que decir de “Meir”, un álbum al que lejos de poder ponerle pegas ha sido aclamado internacionalmente como una de las mejores publicaciones del pasado 2013. ¿Un hype?, ¿una de esas bandas a las que ves porque toca ver en ese momento y no eres nadie si no lo haces para luego contarlo a los colegas?. Nada más lejos de la realidad. Una banda como la copa de un pino. (Ver vídeo)

 

Cuando salen al escenario ni más ni menos que seis tipos y ves a su cantante ataviado con esa máscara de búho con la que nos ameniza la interpretación completa del primer tema del concierto (“Apenbaring”) y que es desde el comienzo de su carrera su símbolo más icónico, no te queda otra que rendirte a la evidencia de lo que se te va a venir encima. “Sultans of Satan”, “Nekrokosmos”, “Fossegrim”, “Bruane Brenn”, “Kvelertak”, “Offernatt”, “Mjod”… no faltó ni uno de los temas que uno ansiaba escuchar. Esa mezcla única que logran les ha convertido en un hecho diferencial dentro del amplio espectro del metal y por ello triunfan. Porque en la misma canción tienes elementos del más puro hardcore, pasando por el death metal, siguiendo con el punk rock y acabando con un solo más clásicamente heavy que la cazadora de tachuelas de Rob Halford. (Ver vídeo)

 

Kvelertak01Me confirmaron mi idea primigenia de que nos encontramos ante una banda a la que se disfruta infinitamente más en sala que en espacio abierto y además que un show suyo sirve como mal para toda cura. En la próxima marea blanca por la sanidad a la que acuda pienso añadir una nueva propuesta, los conciertos de Kvelertak debería cubrirlos la Seguridad Social. Si nos recetaran uno al año, aunque uno cada seis meses sería lo ideal, no haría falta atiborrar de pastillas al personal. Reduciríamos el gasto y aumentaríamos la calidad de vida de buena parte de la población. Todo son ventajas. No penséis en nada, dejad todo lo que estéis haciendo y salid corriendo la próxima vez que estos noruegos se os pongan a tiro. Seis toros seis, anuncian los carteles taurinos. Esto sí que son seis toros de verdad y lo mejor de todo es que provocan la misma masacre pero sin sangre. A ver quién logra superar eso. (Ver vídeo)

 

Tras semejante salvajada aún quedaba un pequeño postre que degustar, pese a que la panza estaba más que satisfecha a estas alturas. Los alemanes Mantar, añadidos al cartel en el último momento, prometían buenas sensaciones en la presentación de su reciente y única publicación “Death by burning”, que está arrasando en cuanto a críticas y que ciertamente a mí me parece un buen disco. Especialmente porque se trata de un experimento curioso, que por cierto no sería el único del festival, en el que hablamos de un dúo formado por un guitarra y un batería. La no presencia de un instrumento tan importante como el bajo puede parecer muy arriesgado además de una herejía, pero lo cierto es que uno escucha el álbum y no lo hecha en falta. Los bajistas me estáis haciendo pitar los oídos ahora mismo pero qué queréis, uno creció escuchando “…And justice for all” y ya me acostumbré desde bien temprano a esto. (Ver vídeo)

 

La verdad es que logran llevar al directo con bastante precisión lo que uno puede haber oído antes en el estudio y al menos durante los primeros temas despertaron mucho mi atención. A pesar de ello el concierto fue de más o menos y lo que no soy capaz de discernir es la razón. No sé si se debe a que la curiosidad de su iniciativa se agota con el paso de los minutos o que la dureza de una jornada de once horas hizo mella, pero acabé viendo el concierto sentado en un poyete al final de la sala. Quizás la hora no era la más adecuada o quizás es que no da para más el asunto pero mi interés fue decayendo progresivamente. Habrá que comprobarlo en mejores circunstancias pero la originalidad no se les puede negar ni las ganas tampoco. (Ver vídeo)

 

 

Sábado 26 de Abril (Tercera jornada)

A estas alturas ni descanso reparador ni la madre que parió a Paneque. Después de dos jornadas tan intensas como infinitas uno se despierta con el cuerpo hecho jirones aunque con la nunca suficientemente valorada sensación de haberlo pasado de miedo. Si hay algo en este mundo que ayuda a superar tales efectos es la música. La perspectiva de una nueva jornada por delante, aún más larga que las anteriores, asusta solo de pensarlo pero se difumina en cuanto uno vuelve al Astra y empieza a retomar de nuevo las fuerzas a base de los efluvios de grandeza que todavía flotan en el ambiente del beergarden momentos antes de comenzar la última maratón.

A las 14:20 de la tarde y no ya con la comida sino con el desayuno aún terminando de hacer su función, comienzan los primeros acordes del concierto de Doctor Doom. Banda de la que no había escuchado ni una nota previamente y que por el nombre suponía bastante más contundentes y duros de lo que luego pude comprobar. Sin desdeñar ese ligero barniz de su apellido me encontré ante un grupo mucho más cercano a los cánones más clásicos del hard rock setentero y a buena fe que me sorprendieron para bien a tan temprana hora. (Ver vídeo)

 

Con apenas un ep editado estos franceses nos presentaron cuarenta minutos de ese proto hard rock sin olvidarse de entremezclar elementos progresivos y blueseros. La verdad es que me gustaron bastante. Otra vez nada nuevo bajo el sol, pero cuando las cosas están bien hechas atraen, aunque no te vuelen la cabeza. Un buen cuarteto con esa apariencia escénica tan propia de los años que definen su música y especialmente un gran bajista, al que tuve ocasión de disfrutar justo delante mío y detrás de cuyos dedos se me iban los ojos. Nada mal para empezar el día. (Ver vídeo)

 

Manteniéndose en el escenario pequeño, al igual que la banda que vendría después, los australianos afincados en Alemania Powder For Pigeons eran los siguientes en hacer acto de presencia. Otra banda desconocida para mí y la segunda del festival en presentar ese curioso formato de dúo guitarra/batería, esta vez con la peculiaridad de que la batería era además una fémina. Con tan solo un disco, “Hell outta here”, llenaron las tablas de ganas y de actitud. Desde una propuesta mucho más rocanrolera y menos agresiva que muchas de las bandas del cartel, se hicieron bastante amenos y curiosamente más interesantes que el dúo que pude ver la noche anterior. (Ver vídeo)

 

Destacó sobremanera la capacidad y el desarrollo del guitarrista Rhys Jones, tanto en su instrumento como en su voz, contando con un par de micros diferentes que iba alternando entre sí hasta lograr un juego vocal cuanto menos curioso que era acompañado por los ritmos más sencillos a la batería de su colega Meike Hindemith, pero que no por ello dejaban de sonar potentes y de hacer que pareciera que allí había más de dos músicos tocando. La segunda sorpresa agradable de la jornada que lograba que a estas alturas el cansancio acumulado hubiera desaparecido prácticamente por completo. (Ver vídeo)

 

El tercer lugar les correspondía a los norteamericanos Castle y de ellos sí que iba con la lección aprendida. Un trío del que había escuchado sus dos álbumes, “In witch order” y “Blacklands” y del que esperaba una ración del mejor doom y eso fue lo que me encontré. Probablemente los más claros representantes de la versión más auténtica del género de todo el elenco de este año y buena prueba de ello era la masiva presencia en la parte más cercana al escenario del público más genuinamente metalero del festival. Su aleación de doom, thrash y metal convenció de lo lindo y cubrió de buena manera esa cuota de este evento que todos los años ha dedicado a este estilo. (Ver vídeo)

 

Los de San Francisco estrenaron algunos temas de lo que será su inminente nuevo disco y dejaron a la parroquia satisfecha con esos riffs monolíticos que surgían de la guitarra de Mat Davis, tan bien secundados por el batería Al McArtney y destacando sobremanera las líneas de bajo y la voz de la encantadora Elizabeth Blackwell, quien demostró que el doom también puede ser de mujeres y que se dejó la piel defendiéndolo. A ello contribuye sin duda su gran presencia física, que además de alegrar la vista pone de manifiesto que este género no solamente es digno de feos como yo y que también puede haber belleza aunque se esté propagando la llegada del apocalipsis que acabará con la decadente raza humana. Otro grupo más para la buchaca del buen hacer. (Ver vídeo)

 

Como primer grupo de la tarde en actuar en el escenario grande le tocaba el turno a Radar Men From The Moon pero por problemas logísticos se nos hizo saber previamente que habría un intercambio en los puestos de actuación y que serían los ucranianos Stoned Jesus los que cubrirían su lugar para dejar luego su espacio previsto a los primeros mencionados. Representantes máximos de la escena en la Europa del este, no decepcionaron en su primera aparición en el festival. Un trío que comenzó con tintes más doom y ha ido evolucionando hacia terrenos más psicodélicos pero que se defiende más que bien en ambas vertientes. (Ver vídeo)

 

Muy buenos instrumentistas y una selección de temas muy adecuada por su cohesión hicieron de su concierto un entretenimiento absoluto. No faltó una breve pero casi imprescindible y esperada referencia a la situación que está viviendo su país y de hecho adornaron uno de los amplificadores con una bandera del mismo. Aunque no quisieron profundizar más y declararon por boca de su líder Igor no pretender ser políticos en ningún momento. Desde luego lo suyo es inundar el local en el que actúen con su ambición por progresar en lo suyo y alcanzar incluso cotas de himnos, con temas tan destacados como “I´m the mountain”, un extensísimo tema que fue altamente coreado por el personal y largamente aclamado tras su finalización. Tener la ocasión de verlos en el escenario mayor quizás fue un guiño del destino, porque pudimos apreciarles con más calidad. (Ver vídeo)

 

Volvíamos a continuación al ambiente más íntimo de la sala para ver a los belgas Sardonis. Tercera ocasión a lo largo del Desertfest en la que un dúo guitarra/batería se subía a las tablas. Desde una propuesta centrada en el doom, pero en su vertiente más sludge, destrozaron tímpanos sin compasión, dejando de nuevo flotando en el ambiente la idea de que allí arriba no podía haber solamente dos elementos. Les contemplan sus dos álbumes “Sardonis” y “II” y de ellos ofrecieron un recital cargado de sensaciones de agobio y opresión. (Ver vídeo)

 

Muy en la línea de sus compatriotas Amenra, destilan dolor y sufrimiento en sus canciones. Al igual que me ocurrió el día anterior con Mantar fui perdiendo interés poco a poco a lo largo de su actuación y mediada la misma decidí salir de allí para cumplir con la tradición anual de salpimentar las tardes/noches con una bradwurst acompañada de su correspondiente cerveza alemana, que todavía quedaba un largo trecho por delante y tampoco es cuestión de aguantar por aguantar cuando lo que estás viendo no está saciando tus deseos. Amén de que a continuación venía uno de los platos fuertes a nivel particular y había adecentarse para la ocasión. (Ver vídeo)

 

Si un extraterrestre aterrizara en mi barrio y me pidiera que le explicara qué demonios es el stoner tengo clarísimo el ejemplo que le pondría: Sasquatch. Han logrado completar una impecable trayectoria desde su formación allá por 2001 en Los Ángeles, con cuatro álbumes como cuatro soles de los que brillan en su California de adopción. Cuatro discos en los que no sobra ni falta un solo tema y que para desgracia mía no había tenido la suerte de poder presenciar nunca en vivo. Como todo llega en esta vida, estaba esperando ansioso que llegaran las 18:35 del sábado para cumplir con uno de mis anhelados deseos. En muchas ocasiones ocurre que uno espera algo con tanto ímpetu que luego la realidad te baja los humos pero no fue ni mucho menos el caso de este tan singular como epatante trío. (Ver vídeo)

 

Dando un buen repaso a sus cuatro obras, las huestes del vocalista y guitarrista Keith Gibbs dieron una soberana lección de purísimo stoner que me dejó patidifuso. La clase que destila el compañero Gibbs, enormemente secundado por el bajista Jason Casanova y por encima de todas las cosas por el increíble batería Rick Ferrante, será recordada por un servidor durante muchísimo tiempo y podría calificar su concierto como el mejor de los tres días si no fuera porque hubo dos bandas que son difíciles de superar. Pero desde luego sí quedará en mi mente como el más sorprendente, porque de los otros era complicado esperar nada mejor que lo que ofrecieron. SASQUATCH,  en mayúsculas el grupo stoner por definición. Qué pedazo de banda en vivo y qué suerte que actuaran en ese escenario mayor que tan buen sonido ofrece y tantos momentos memorables nos ha proporcionado los últimos tres años. (Ver vídeo)

 

Era turno entonces para los holandeses Radar Men From The Moon, quienes veían desplazada su actuación al escenario menor tras los problemas mencionados antes pero que al menos lograban llegar a tiempo para ofrecer su concierto. Nunca antes lo había escuchado y quizás entre eso y el subidón del concierto anterior no logré meterme del todo en su actuación. Claramente influenciados por la psicodelia y ese amor la ciencia ficción que denotaban en muchas de las introducciones y los sonidos pregrabados que hacía saltar de vez en cuando su batería, este trío meramente instrumental llegó para saciar las ansias de los más puristas amantes del estilo y al menos conmigo no lo consiguieron. (Ver vídeo)

 

Cuentan en su haber con dos discos, su ep “Intergalactic dada & space trombones” y un único larga duración que vió la luz el pasado año, “Echo forever”. Se dedicaron a repasarlos ante un público atento del que yo me desentendí hacia el final ante mi falta de convicción y las ganas por poder ver en vivo la aportación de uno de los miembros fundamentales de la escena stoner de toda su historia y que prometía buenos augurios a continuación en el otro escenario. (Ver vídeo)

 

No tengo claras las razones por las que Ed Mundell abandonó hace poco tiempo las filas de los eternos Monster Magnet pero si bien uno podía pensar que nos íbamos a quedar sin la aportación de uno de los individuos claves de todo esto, lejos de ello se ha transformado en una brillante propuesta más. Si ya con su proyecto The Atomic Bitchwax publicó algunas referencias memorables de forma paralela a su trabajo en su banda principal, con esta nueva aventura se ha terminado de consolidar, si es que le hacía falta, como un pilar irresistible. Pude verle a primera hora de la tarde en la zona de la carpa del merchandising y no presentaba ciertamente el mejor de los aspectos, notándole bastante desmejorado en lo físico desde la última vez que había podido verle. Lo cierto es que los años no pasan en balde para nadie pero una vez que tocó sus primeras notas, cualquier atisbo de duda que me había quedado antes se disipó en un instante. (Ver vídeo)

 

Con ese rebuscado pero efectivo nombre que es The Ultra Electric Mega Galactic, que uno ya duda si se debe a su amor por lo psicodélico o como respuesta irónica a esa misma obsesión que ha caracterizado la trayectoria de su banda madre, nos encontramos con un trío de auténticas bestias pardas que ofrecieron una clase maestra de hard rock añejo con ese regusto cósmico y psicodélico marca de la casa. Porque además Mundell se ha juntado con un bajista, Collyn McCoy, que simplemente es de otro mundo y cuyos dedos se mueven por los trastes de su instrumento a más velocidad que las naves espaciales que uno se imagina escuchando estos temas. Súmale a eso el maravilloso trabajo a los tambores de Rick Ferrante, que hacía doblete tras su fantástica actuación previa con Sasquatch y para qué quieres más. Polvo espacial flotando en el aire, la sensación de estar viviendo una jam sesión eterna que no quieres que acabe nunca y como resultado final de todo un brillantísimo concierto. (Ver vídeo)

 

Volvíamos todavía resacosos por lo vivido al Foyer stage para presenciar a los suecos The Graviators. Con dos buenos discos en el mercado, el primero titulado igual que ellos y “Evil deeds”, y con su tercera obra “Motherload” recién salida del horno, presencié una actuación muy correcta pero con ciertas lagunas, protagonizadas básicamente por su frontman Niklas Sjöberg, quien rindió a bastante menor nivel que el resto de sus compañeros: Johan Holm a las cuatro cuerdas, Martin Fairbanks a las seis y Henrik Bergman a la batería. Desconozco si era cuestión de enfermedad, de no tener el mejor día o de haberse pasado con el alcohol u otros derivados como consecuencia del excelente clima que acompañaba la jornada pero hizo deslucir al combo. Como detalle al respecto, hacia el final de su actuación salí fuera a fumar un cigarro y de repente me le encontré a mi lado bebiendo ansiosamente de una botella cuyo contenido desconozco y con cierta cara de descomposición mientras sus compañeros seguían tocando sobre el escenario dentro de la sala. Quizás era una cuestión de salud y el hombre necesitaba salir a tomar el aire. (Ver vídeo)

 

Salvando estos detalles, la verdad es que el concierto estuvo bastante bien en general y a pesar de los pesares fue bastante disfrutable. Otra ración de stoner que si bien no supone ninguna novedad respecto a lo que otras bandas aportan, se hace muy ameno de contemplar y escuchar, sobre todo si te gustan los sonidos afines a los comienzos más oscuros ya no de ese género sino especialmente del heavy metal más underground. Unos primeros Black Sabbath sirven como buena referencia, amén de las camisetas de Pentagram o Saint Vitus que portaban algunos de sus miembros y dejaban muy claros cuáles son sus antecedentes. (Ver vídeo)

 

El penúltimo grupo en subirse al escenario principal fue el trío estadounidense Radio Moscow y bien valió la pena la espera tras la cancelación de última hora de su actuación prevista para la edición del año 2013. Una banda con un líder indiscutible, Parker Griggs, vocalista, hombre orquesta y epicentro absoluto de toda la propuesta. Con cuatro discos en su haber, el último de los cuales es una reedición de un primer trabajo grabado por el propio Griggs hace diez años, han adquirido un renombre internacional dentro del movimiento a base de patearse escenarios sin parar siempre con esa fórmula que parece imbatible para este estilo que es el formato trío. (Ver vídeo)

 

Tras varios cambios de formación, los músicos que acompañan a Griggs en la actualidad son los más que competentes Anthony Meier al bajo y Paul Marrone a la batería, aunque sin restarles méritos es Griggs quien recibe toda la atención y las miradas. Con un evidente matiz retro que sobrevoló todo su setlist, recibimos una buena dosis de viaje psicodélico a través del tiempo en el que con los ojos cerrados y los oídos bien abiertos uno podía creer estar escuchando a Blue Cheer o a Cream, siempre con esos sonidos básicos del rock clásico que nos remiten como de costumbre a los primeros Black Sabbath. Un excelente concierto digno de semejante escenario y un grupo muy a tener en cuenta, sobre todo cuando en breve publiquen su siguiente álbum. (Ver vídeo)

 

Se cerraba la participación de bandas en el Foyer Stage con la actuación de los holandeses The Machine, banda que yo personalmente descubrí en la primera edición de este festival en el año 2012 y que también pudimos ver por nuestras tierras no hace demasiado junto a Sungrazer, en una gira europea que realizaron como excusa para la presentación del split que habían grabado de forma conjunta. El prolífico trío formado por el guitarrista y ocasional vocalista David Eering, el bajista Hans  Vaan Heemst y el batería Davy Boogaard, ha publicado cuatro álbumes completos desde su formación en 2007, además de varios singles y splits, y se han ganado a pulso el ser uno de los referentes en la escena europea a base de ello y de su constante presencia sobre el escenario tanto en giras propias como haciendo apariciones en todos y cada uno de los principales festivales del género. (Ver vídeo)

 

Con la inevitable inclusión de la psicodelia más clásica y los matices blueseros y ácidos, su música no deja de ser una visión más moderna del rock más contundente y poderoso, con esa presencia del riff guitarrero en primera línea y ese groove que les acompaña en todas y cada una de sus composiciones. Ante una sala a reventar dieron uno más de sus convincentes shows y nos hicieron olvidarnos de la cantidad de horas que llevábamos ya allí y de la paliza acumulada durante los tres días, a pesar de que esta vez les tocaba cerrar el escenario menor en lugar de actuar en el grande como les ocurrió hace dos años. No pareció entorpecerles en absoluto, entre otras cosas porque también tenían una posición mucho más alta en el cartel, y se les notó disfrutando con lo que hacían tanto como nosotros lo hacíamos desde abajo. (Ver vídeo)

 

Clutch02Ni en el más húmedo de mis sueños podría imaginar que después de una sesión de tres días y 32 bandas podría concluir la fiesta de manera mejor que con un concierto de hora y media de Clutch. Los reyes del underground rockero que llevan veinticuatro años publicando disco tras disco, a cada cual mejor y más variado, y recorriéndose el mundo entero a base de interminables giras tocando tanto en el antro más cutre de la más remota localidad de la América profunda como en los escenarios de los más importantes festivales de los cinco continentes. Desde mi humilde punto de vista, un grupo que ha influenciado a muchas más bandas de las que uno pueda imaginar, incluido seguramente un tanto por ciento muy elevado de sus compañeros de cartel en el Desertfest. (Ver vídeo)

 

Porque Clutch han tocado todos los palos y siempre lo han hecho bien y después de tantos años de constancia y perseverancia al final lo han conseguido. Siempre saldrán los inconformistas de siempre con los manidos argumentos de que se han hecho más comerciales o han publicado su disco más accesible para todos los públicos. Lo siento, eso para mí son pamplinas. “Earth rocker” es llanamente el mejor disco de rock que se publicó el año pasado y eso les está dando los réditos por los que tanto años han llevado luchando. Y mucho que me alegro por ello, porque ese disco es tan grande que se merecería tener su propio código postal. Once canciones imprescindibles a las que no se les puede poner el más mínimo pero y la confirmación definitiva de que ese grupo de semiculto en el que se habían convertido merecía mucha más atención que la prestada hasta entones. (Ver vídeo)

 

Su concierto del pasado sábado fue la enésima demostración de calidad, actitud y aptitud que llevan tantos años ofreciendo esos cuatro animales escénicos procedentes de Maryland. Dos animales como el batería Jean-Paul Gaster, cuyos desarrollos instrumentales serían dignos de llevar un master con su nombre y al que jamás se le reconocerá lo suficiente como músico y el maravilloso frontman Neil Fallon, auténtico ídolo oculto que con su eterna barba y su afable carácter llena el escenario a base de cantar como los ángeles, simplemente hablar e incluso cuando susurra en algunos de sus temas. Y otros dos animales en sus instrumentos aunque de esos músicos a los que yo cariñosamente llamo “atornillados”, porque son de los que salen al escenario, ocupan su lugar y no los mueves de su metro cuadrado ni con ácido sulfúrico. Ni falta que hace en su caso, porque Tim Sult marca el ritmo de la música con su guitarra hasta niveles estratosféricos y el bajista Dan Maines le ofrece tal empaque al asunto que hace olvidar su aparente segundo plano hasta situarle en primera línea de fuego como al resto. (Ver vídeo)

 

Prueba irrefutable de la autoconfianza en su última publicación, desgranaron como vienen haciendo durante el último año prácticamente la totalidad del mismo, intercalando algunos de los temas más conocidos de sus obras anteriores con temas más oscuros que sus fans más acérrimos adoramos. Stoner, blues, funk, rock ‘n’ roll…todos los elementos mezclados en la batidora que ha hecho de Clutch la enorme banda que son. Probablemente las loas les han llegado tarde, pero el empeño que le han puesto ha sido finalmente recompensado. Un setlist sin fisuras que culminó con la ya clásica “One eye dollar” y que dejo en mí la mejor de las sensaciones posibles. Se me hace difícil pensar que la opinión no fuera unánime vistas las caras del público asistente. No había forma humana de finalizar mejor esta maratón. Fuisteis, sois y seguramente seguiréis siendo muy grandes. Clutch, gracias de todo corazón. (Ver vídeo)

 

Este testamento está llegando a su inevitable final, y ya va siendo hora, pero no puedo irme sin mencionar la fantástica organización del festival y el inmejorable ambiente que rodea a este evento todos los años. Un jardín de la cerveza en el que se debate sobre lo divino y lo humano y de vez en cuando sobre música en un clima de camaradería difícil de igualar. Precios correctos y ajustados en comida y bebida, stands varios en los que saciar el hambre de compra compulsiva de cds y vinilos, una carpa de merchandising siempre repleta, un espacio para documentales y exposiciones gráficas, tatuadores en vivo y en directo, horarios clavados en las actuaciones y todo tipo de facilidades para los que allí nos congregamos año tras año venidos de todos los rincones de Europa e incluso más allá. Todo ello además en un marco tan cómodo como la sala Astra situado además en uno de los barrios más interesantes de Berlin. Súmale a la ecuación que el clima fue el mejor posible y el resultado es otra triunfada en toda regla que esperemos repetir por cuarta vez el año que viene. Aquellos a los que os atraiga lo más mínimo esta amalgama de sonidos extraños que aglutina en su cartel este festival año tras año, no lo dudéis lo más mínimo, el Desertfest es vuestro lugar. Palabrita del niño Jesús.

Jorge Delgado

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Un pensamiento en “DESERTFEST – BERLIN

  1. nen, el batera de spirit era el gran henry, el de saint vitus y otros tantos proyectos, por lo demás interesante, pero a nivel de bandas me quedo con londres, eso si, el caos de tres sitios distintos, y miles de bandas, en eso prefiero a berlin

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