DIARIO DE UN METALLIBAN (PRIMERA PARTE VOL.III)

DIARIO DE UN METALLIBAN (PRIMERA PARTE VOL.III)

IMG_20140601_113817Amanece Oslo con la misma benigna climatología que me acompañó el día anterior y por tanto con el ambiente idóneo para dedicarse en pleno a conocer la ciudad todo lo que se pueda y más en el largo día que tengo por delante. Con los efluvios aún flotando en mi mente del concierto de anoche (qué pedazo de recital, por DIO) me dispongo a desayunar en el hotel como si no hubiera un mañana, dada la frugal cena de la noche anterior, provocada por el cierre de los supermercados, los lugares más baratos en los que poder picar algo y la única opción económicamente viable de un Seven Eleven abierto en el que la masiva afluencia de público proveniente del festival me llevó a cometer irremediablemente otro acto del que no estoy orgulloso pero que salió según lo rápidamente planeado y que me permitió saciar al menos en una pequeña parte el agujero en el estómago que presentaba a esas horas. No me extiendo más para no provocar la reacción de las autoridades competentes. En este caso se dice el pecador pero no el pecado y hasta aquí puedo leer.

Una vez devorado el buffet correspondiente y bien duchado y planchado como la ocasión se lo merecía comienza mi andadura por una ciudad que me encantó de la misma manera o más que el resto de estas localidades norteñas que estoy pudiendo disfrutar. Amplísimas aceras y avenidas, un tráfico prácticamente inexistente para ser el anillo central de una capital tan importante (supongo que basado en el enorme entramado de tranvías y autobuses que te llevan por toda la ciudad) y una sensación de paz, tranquilidad y seguridad como pocas veces he visto. Para ser un lunes y por tanto día lectivo y laborable, la verdad es que las calles están abarrotadas. Supongo que el excelente clima influye y los parques y jardines que pueblan la ciudad se llenan de gente que aprovechará estos días de rayos de sol para invadir el césped y tomar el sol como en cualquiera de las playas de nuestro Levante. Y bien que es de agradecer, sobre todo para la vista, dado el nivel mujeriego que se gastan por aquí.

Dirijo mis pasos hacia esa zona de la ciudad, no sé si nueva o renovada en la que barcos para turistas y embarcaciones privadas llenan unos embarcaderos rodeados por decenas de restaurantes y locales que están atestados de personal IMG_20140602_210740típicamente de oficina dando buena cuenta de su almuerzo. Se les ve otra cara respecto al mismo arquetipo español. Aquí la crisis no solamente no se nota sino que dudo que alguna vez llegara y lo cierto es que se tiene que vivir de lujo, aunque para ello se necesite un sueldo más que potente. Desde luego mucha cara de currante gris y alicaído no se ve y los que están de turismo o paseo sonríen aún más ante la situación. Con los salarios que nos gastamos no duraríamos aquí ni una semana y los sustos morrocotudos que me llevo al observar los precios de los locales ya casi ni me sorprenden después de lo visto el día anterior. Mucho nivel hay por aquí, demasiado para estos españolitos que ya hemos salido de la crisis. Me descojono vivo…

Aprovechando la opción más “económica” que uno se puede encontrar, como es uno de esos establecimientos de comida rápida americanos que uno no pisa jamás cuando está en España, hago una pausa en el camino para pillar las fuerzas suficientes como para afrontar una tarde de más trajín turístico. Si algo bueno tiene que el día tenga tantas horas de luz es que se puede aprovechar hasta muy tarde, así que ante el cansancio acumulado después de varios días de paliza decido descansar en la habitación un rato que acaba convirtiéndose en una siesta brutal de tres horas que no se la salta un gitano. Debía ser que falta me hacía. A pesar de amanecer a las ocho de la tarde, cuento con un mínimo de tres horas y pico más de luz, así que ningún problema para seguir paseando y deleitándome con la ciudad. Con mi inseparable mapa voy recorriendo los lugares más emblemáticos de la capital noruega que me faltaban y confirmo la enorme vida social y cultural de la que disponen. Siguen sonando temas de Metallica en los bares y terrazas de la zona céntrica pese a que el concierto ya ha pasado y hasta los artistas callejeros dedican sus mejores esfuerzos a ofrecer a todo aquel que se pare frente a ellos sus mejores interpretaciones acústicas de algunos de sus temas más sonados.

Me ha parecido muy curioso la importancia en general que le dan en todas las ciudades a la visita de la banda norteamericana, teniendo la posibilidad de escuchar su música en muchísimos locales no ya de la periferia o de los alrededores de los respectivos sitios donde tenían lugar los conciertos sino por toda la ciudad y en especial en sus zonas más céntricas. Y hablo de locales que no tienen la más mínima pinta de pinchar habitualmente ese tipo de música. Aquí es evidente que celebran la visita y la presencia de un grupo al que por estas tierras no es que se les idolatre sino que se les respeta y se reconoce su enorme aportación al universo musical, más allá de sus diferencias o no respecto a su trayectoria. No olvidemos que de todos es conocida la importancia que la música tiene en países tan pequeños como estos y de los que sin embargo han surgido y lo siguen haciendo bandas por doquier. Aquí das una patada a un bote por la calle y te salen tres grupos con mayor calidad que muchos de los más consagrados de cualquier otro país supuestamente más puntero.

IMG_20140602_120234Desgraciadamente toca ya retirada definitiva al hotel no sin antes volver a visitar mi Seven Eleven favorito y degustar alguna que otra cerveza local en una terraza al ritmo de Kvelertak de fondo. A diez euros al cambio la rubia, la cosa se queda en menos de lo que a uno le hubiera gustado pero el bolsillo no da para más. Un último paseo hasta el lugar de pernocta justo en el momento en que empieza a anochecer me da una última, diferente y todavía más bonita perspectiva de una ciudad que me atrapó desde que llegué. Desde luego merece muy mucho la pena acercarse alguna vez por aquí, aunque nos resulte prohibitivo y nos salgan agujeros en la cartera. Me queda clarinete que Oslo es un lugar al que todo el mundo debería acudir alguna vez. Esa es la mejor sensación que me llevo y un as bajo la manga más que añadir a la lista de ciudades visitadas. También por el montón de estatuas y monumentos que adornan sus calles. Y más que culturales, femeninos, todo sea dicho. Pero eso es otro cantar y mejor me callo antes de que tomen represalias contra mí. Ah, un comentario de última hora antes de que se me olvide. Cuando aquí los artistas que realizan caricaturas al carbón por la calle se enorgullecen de sus retratos de Rajoy, Marujita Díaz o el torero de turno, en Oslo hacen dibujos de Metallica, Iron Maiden In Flames. Cuánto nos queda por aprender.

 

Jorge Delgado

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