DIARIO DE UN METALLIBAN (PRIMERA PARTE VOL.IV)

DIARIO DE UN METALLIBAN (PRIMERA PARTE VOL.IV)

Martes 3 de Junio de 2014

IMG_20140603_213307Rompiendo la tónica de este diario de concierto, turismo, concierto, turismo, en esta ocasión me encuentro con el segundo día libre consecutivo para conocer mundo sin “molestos festivales ruidosos” que me impidan absorver cultura. Próximo destino y último de esta primera parte de la gira: Hamburgo. Habiendo perdido ya la cuenta de los madrugones que llevo encima, uno más que sumar a la lista para dirigirme hacia el aeropuerto y en apenas hora y media estar ya en una ciudad alemana que todavía no conocía y que me sorprendió para bien. Me recibe de nuevo un tiempo excelente que acaba con todos los malísimos presagios que me invadieron cuando empecé el itinerario en Helsinki. Muy bien situado y comunicado con cualquier parte de la urbe me planto en menos que canta un gallo en St. Pauli, barrio en el que estaba localizado mi hostal y que ya me habían advertido de antemano que era lo más interesante que podía visitar por el poco tiempo que tenía para emplear en labores que no fueran las musicales. Un recepcionista muy majo me permite realizar el check in antes de tiempo y me dirijo hacia otros barrios de la ciudad para no limitarme exclusivamente al mío y poder ver más cositas.

Curiosamente lo hago en metro gracias a un venerable anciano inglés que al verme en la estación de metro del aeropuerto tratando de comprar un billete en las máquinas expendedoras automáticas se me acerca y me ofrece gratuitamente un bono que vale para todo el día y todas las zonas, ya que él se volvía para Londres y ya no lo iba a utilizar. Aún queda gente por el mundo que realiza este tipo de actos y ese es uno de los numerosos atractivos de este viaje, poder darte de bruces con este tipo de gente y conocerlos. Cosas así te alegran el día. Varios monumentos, edificios y museos que visito solamente por fuera ante la falta de tiempo y por fin una buena comida de verdad a un precio más que razonable que me sienta como anillo al dedo. Vuelta al hostal y de nuevo gratificante siesta ante la tarde/noche intensa que me imaginaba por delante viendo las recomendaciones y comentarios (entre otros del gurú de todo esto que es el señor Jaume Bellini) acerca del barrio.

Aunque al final la siesta no tuvo lugar porque tocaba ver los dos últimos episodios de esa serie que me ha acompañado y dado más que grandes momentos a lo largo del periplo: True Detective. Traca final con esos dos capítulos que me han mantenido con los ojos abiertos sin posibilidad de despegarme de la pantalla del portátil, a pesar de mi tremenda facilidad para quedarme sopa en cuanto me pongo a ver algo, y grandioso final para una serie que espero tenga continuidad, aunque sea con otros actores como se rumorea por ahí. Duchita, cambio de atuendo y todo listo para descubrir los secretos oscuros del barrio de St. Pauli en el que abundan por todas partes esas banderas piratas que llevan años siendo santo y seña de identidad del mismo, como emblema de ese equipo de fútbol del barrio que tantas veces ha sido identificado y defendido por la comunidad metalera por los valores y la personalidad que encarna y defiende.

Una vez situado al comienzo de uno de los extremos de Repperbahn strasse comienzo a recorrer su longitud flipando hasta que llego al final de la misma sin apenas darme cuenta. Sin una longitud enorme me encuentro con una calle y todasIMG_20140603_213508 las aledañas que la rodean dedicada sin más obstáculos a tres tipos de negocio: garitos, sex shops y espectáculos de strip tease. Salpicado eso sí por algún que otro lugar para comer algo, varios casinos y locales en los que ya desde fuera parece que te ofrecen cositas algo más allá de un simple baile erótico. La calle en la que puedes juntar los siete pecados capitales y alguno más extra e ir de cabeza al infierno, o al cielo según se mire, en menos tiempo del que puedas imaginar. He visto calles como ésta en otras ciudades pero no con la concurrencia y el aglutinamiento salvaje que me encontré aquí. Podrías estar una semana en Hamburgo y no salir de esta calle. Si el resto de la zona ya me había gustado, un barrio bastante bohemio sin caer para nada en el esnobismo ni el pijerío en el que acabamos convirtiendo este tipo de zonas en otras ciudades, y en Madrid que es la mía habría varios ejemplos, te encuentras con una zona de nuevos creadores, artistas de todo tipo, tiendas de segunda mano y ejemplos rompedores de subsistencia que tienen todo el aspecto de llevar años y años así y no ser el fruto de cuatro modernitos y un plan concebido detrás para únicamente sacarle un rendimiento económico.

Muchos años de ir rascando y puliendo un barrio que siempre fue el barrio rojo y el peor considerado de la ciudad, han convertido a St. Pauli no en un barrio de moda sino en un sitio imprescindible de paso y en la joya de la corona de la ciudad, aunque obviamente no sea un lugar apto para beatos y mojigatas, ni falta que hace. Me he zambullido tanto en la calle principal de este embrollo del vicio como en las que la atraviesan y no sabía por dónde empezar. Yo me he dedicado únicamente a la vertiente alcohólica del asunto, porque la sexual no es lo mío y yo ya tengo bien cubierta esa parte, pero esto puede ser fácilmente el paraíso del soltero y la perdición del emparejado. Decenas y decenas de garitos entre los que elegir a cada cual con mejor pinta por fuera y mejor música dentro, muchísimos de ellos con actuaciones en vivo, sin ningún tipo de extra económico por ello, prueba del interés de esta ciudad por la cultura y en especial por la música. No en vano Hamburgo fue la cuna donde empezaron a triunfar The Beatles y por ello tienen hasta una plaza dedicada en nombre del cuarteto de Liverpool.

IMG_20140603_213217Ha sido sin duda la jornada más larga de mi periplo, que ha concluido a eso de las tres y pico de la mañana, cayendo rendido tras unas cuantas horas de cerveceo, música en vivo de todo tipo en varios locales (en los que en una obvia demostración del buen gusto imperante el triunfador ha sido Johnny Cash de largo) y buenas raciones de heavy metal en las orejas. Afortunadamente he sido comedido porque desde luego el lugar y el ambiente que se respira por allí invitan a alargar la noche hasta lo inimaginable, pero una retirada a tiempo a veces es un triunfo y más vale disfrutar hasta un cierto tope que acabar tirando la noche por la borda hasta no saber dónde estás. Que es algo que aquí a un servidor todavía le ocurre de vez en cuando, como seguro que a cualquiera de l@s que estáis leyendo esto, pero ya voy aprendiendo a respetar los límites aunque me esté dejando el hígado en el camino. De nuevo conociendo a mucha gente que al día siguiente iba a estar presente en el concierto y que nos identificábamos rápidamente los unos a los otros por las camisetas, cazadoras, parches y demás parafernalia y un estado de ansiedad reinante porque el paso de las horas fuera fugaz y se acercara la hora de ver de nuevo a los de San Francisco. El metal en general es una religión en Alemania y por ende en Hamburgo y St. Pauli era en la noche del martes un fiel reflejo de ello. Enorme barrio, poca policía y mucha diversión. Grande Hamburgo.

Jorge Delgado

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