SONISPHERE INGLATERRA

 

Sábado 5 de Julio de 2014

 

SONISPHERE INGLATERRA (KNEBWORTH PARK)

 

IMG_20140705_175346Cuando comencé a planear esta locura digna de tesis doctoral de Psicología la idea era trasladarme desde Basel hasta Londres para presenciar la última jornada del Sonisphere británico que tendría lugar el domingo y en la que cerraba el cartel Metallica. Ante la perspectiva de pasar el sábado entero en Londres, una ciudad que ya conozco bastante y que he visitado en muchas ocasiones, dando vueltas mientras tenía lugar la segunda jornada del festival y en la que tocaban bandas interesantes hasta llegar al cierre ni más ni menos que con Iron Maiden, no tardé demasiado en modificar mis planes y adquirir directamente el bono de tres días del evento pese a que el primer día me lo perdería seguro al estar en tierras suizas. A pesar de perderme alguna banda que me interesaba la verdad es que tuve suerte con la distribución final del cartel porque el grueso de lo que quería ver se concentró finalmente en la segunda y tercera jornadas.

 

Con este planteamiento, me levanto en Basel y tras un vuelo sin más dificultades llego a Gatwick con la idea de desplazarme todo lo rápido que me sea posible para llegar cuanto antes al recinto del festival y ver todo lo que me de tiempo. Ya era consciente de que fácil no iba a ser y la verdad es que ha sido toda una odisea. Primero desde el aeropuerto hasta la estación de Victoria ya en Londres, desde ahí metro al hotel para dejar la maleta. Comiendo algo por el camino a matacaballo viaje en tren de media hora esta vez desde King´s Cross hasta la estación de Stevenage. Y desde ahí, el autobús que pone la organización del festival y que te deja en la puerta de entrada en Knebworth Park. Cuando uno llega por fin piensa que ya está todo hecho, pero amigo, desde la entrada propiamente dicha hasta el lugar dónde se concentran los escenarios en los que tienen lugar los conciertos no hay menos de veinte minutos de caminata a buen ritmo atravesando todo el camping por una avenida de tierra que transcurre entre un océano de tiendas de campaña del que no alcanzas a atisbar el final, haciéndote sentir como Moisés separando las aguas del Mar Rojo y dando testimonio de la magnitud del evento y de la enorme cifra de personas (unas humanas, otras difícilmente clasificables como tal dado su estado etílico y algunos de sus extraños comportamientos) que allí nos dábamos cita.

 

Tras un buen rato, cuesta arriba por cierto, se empiezan a escuchar los ecos y ruidos procedentes de los escenarios y ya con la lengua fuera llego al “verdadero” festival. Después de tanta odisea y teniendo en cuenta que los conciertos empezaban muy pronto, me he perdido a una banda que estaba seguro ya desde el principio no llegaba, The Winery Dogs y una a la que contaba con al menos poder ver algún tema pero que fue imposible lograr, Carcass. En el caso de los primeros ya los había visto en Madrid y si tenía ganas de repetir era básicamente por el conciertazo del quince que se marcaron en la Joy Eslava. Lo de los segundos me sentó bastante peor, porque nunca los he visto en vivo y con el enorme disco que se han sacado de la manga me apetecía mucho verlos. No se puede tener todo. Al menos llego a mitad de la actuación de Sebastian Bach, en una carpa absolutamente abarrotada a la que consigo acceder por un lateral echándole más cara que espalda al asunto, ya que las entradas principales estaban bloqueadas por exceso de aforo y no dejaban entrar a nadie más. Aunque sea a duras penas, aprovecho la “tranquilidad” de un tema como “18 and life” para hacerme hueco poco a poco y situarme en un lugar en el que al menos pueda ver algo. Un par de temas más de sus discos en solitario más dos versiones de clásicos de Skid Row como “Monkey bussiness” y “I remember you” redondean una actuación bastante correcta por lo que pude medio atisbar entre la marabunta y un Bach tan hiperactivo como de costumbre y en ese mejor estado de forma tanto física como vocal en el que está últimamente respecto a cómo estaba hace unos años.

 

Con el tiempo justo para respirar y tratar de recuperar todo el oxígeno perdido en el camino y en la atiborrada carpa, me dirijo hacia el escenario principal donde va a tener lugar la actuación de los norteamericanos Deftones. En una situación de mucha mayor comodidad, dado el tamaño del escenario y la explanada que le precede, me sorprende que de repente aparezcan en las pantallas de vídeo del escenario imágenes de aviones y es entonces cuando recuerdo haber leído que Bruce Dickinson iba a realizar una exhibición de vuelo con un avión de la primera guerra mundial emulando al Barón Rojo, sobrevolando el cielo de Knebworth para deleite del público asistente. Con tanto jaleo de viaje se me había olvidado por completo. Tras una introducción en vídeo se da paso a un locutor que a través de la megafonía va relatando lo que ocurre según vemos acercarse a los aviones al horizonte. Pensaba que sería solamente Bruce pero no fue así, sino que varios escuadrones de aviones formaron parte del espectáculo, simulando tácticas de ataque y defensa que iban siendo descritas por el locutor, al tiempo que explicaba también las diferentes características de los aviones que participaban en el asunto. Cierto es que me fue imposible dilucidar en cuál de todos los aviones iba Dickinson pero fue bastante curioso de ver y desde luego algo diferente a lo que suelen proponer los festivales hoy en día como alternativas o novedades. Miles de cámaras y móviles inmortalizaban la ocasión y tras un cuarto de hora de exhibición y una ovación más que generosa por parte del público los aviones han realizado una última pasada por el recinto hasta desaparecer de nuestra vista. Curioso, muy curioso.

 

Justo nada más empezar a perder de vista los aviones, ha comenzado a sonar la introducción que da paso al concierto de Deftones y en un momento los teníamos en el escenario. Un grupo del que a mí personalmente me gusta su primera etapa y del que me olvidé a posteriori durante bastante tiempo hasta la publicación de su penúltimo disco “Diamond eyes”, que me gustó bastante y en cuya gira de presentación tuve ocasión de verles en un concierto muy bueno en la Sala La Riviera de Madrid. El concierto no pudo empezar mejor, con el tema que da título a ese disco mencionado y dos temas tan clásicos de su discografía como “Be quiet and drive (far away)” y “My own summer (shove it)”. Con un buen sonido, una buena interpretación y una extraordinaria actitud ya se habían ganado al público desde el principio y siguieron por la misma línea durante el tiempo que pude ver de su actuación. Un Chino Moreno de nuevo fondoncete en esa batalla constante que mantiene con la báscula últimamente pero que no le impide en absoluto ni cantar ni moverse sin parar de un lado para otro como poseído por alguna entidad extraña. (Ver vídeo)

 

 

 

A mitad de concierto tuve que abandonar mi lugar para desplazarme a otro escenario y es que hacía tiempo que no me topaba con uno de esos festivales en los que se solapan constantemente los grupos que quieres ver. Ya se me había olvidado IMG_20140705_184935esa sensación de estar viendo algo sabiendo que te estás perdiendo otra cosa ahí al lado. Así que como la intención final es ver la mayor cantidad de grupos posibles, me temo que pasaré el fin de semana paseándome de acá para allá viendo mitades de actuaciones (salvo honrosas excepciones que me impedirán moverme del sitio, por supuesto). Cierto es que entre paseo y paseo uno aprovecha para aprovisionarse de comida y bebida pero resulta difícil engordar estando aquí, con las caminatas que te acabas pegando. Suerte además que el tiempo acompaña y no cae ni gota pese al cielo ligeramente gris. La verdad es que el recinto del festival es enorme, con dos escenarios principales al aire libre más otros tres más pequeños en forma de carpas. A eso súmale los cientos de puestos de comida de todo tipo, bebida, ropa, accesorios y cualquier cosa que te puedas imaginar. Y para rizar el rizo, una zona de atracciones digna de las mejores fiestas de pueblo. Vamos, diversión a raudales en cualquiera de las esquinas del parque y sin tiempo ni falta de eventos con los que aburrirte.

 

Bajo esa premisa abandono el escenario principal y pongo rumbo de vuelta al Bohemia Stage donde un rato antes había actuado Bach y que ahora acogía media entrada para ver a los norteamericanos Dog Eat Dog. No es que beba los vientos por este grupo pero tenía la curiosidad de verles, más que nada porque prometían tocar en su totalidad su primer disco “All boro kings”, del que recuerdo haberlo escuchado bastante en su momento aunque hace eones que no me lo he vuelto a poner. Surgidos a mediados de los noventa, ese disco supuso un punto culminante para ellos y su particular fusión de estilos en la que tenía cabida desde los momentos más rabiosos y punks hasta el puro rap pasando por la presencia constante en sus canciones de un instrumento a priori tan poco metalero como el saxofón. El caso es que siendo pecados de juventud o batallitas de viejuno, me apetecía echarles un ojo y lo cierto es que lo que vi lo disfruté bastante, para que engañarnos. Está claro que era un grupo atípico dentro del cartel, aunque no tanto, viendo que este Sonisphere ha resultado siendo bastante ecléctico en su planteamiento del cartel. Muy buena predisposición por parte de la banda, un sonido bastante bueno y temas de ese su primer disco que han alternado con alguno más reciente. Capitaneados por la voz de John Connor creo que convencieron bastante a los que allí nos encontrábamos, en un estilo diferente y muy particular pero muy entretenido a la vez. (Ver vídeo)

 

 

 

Desde ahí me desplazo por primera vez al Jagermeister Stage, otra carpa en la que actúan los escoceses Bleed From Within. Banda de la que desconocía completamente su trayectoria pero para eso están estos festivales, no solamente para ver bandas consagradas sino para descubrir nuevos talentos o ponerse al día con grupos que llevan años en el negocio pero que te ha sido imposible escuchar ante la avalancha de posibilidades que se han abierto en los últimos años gracias sobre todo a las nuevas tecnologías. Desconozco la razón exacta pero los tenía por un grupo más de ese estilo que se ha popularizado tanto que es el metalcore y del que reniego y huyo como de la gripe española. Lo cierto es que salvo por la estética del vocalista, poco más se asemeja a dicho estilo y se acercan bastante más a territorios death que a otra cosa, aunque sea desde un punto de vista más melódico. De todas formas llega un momento en que uno se pierde con tanta etiqueta pero lo que sí tengo claro es que me ha gustado lo que he visto y he oído para un grupo al que no le había prestado ninguna atención. Cuentan con varios discos en su haber, así que habrá que echarles una oreja si saco tiempo, que tampoco es que me parecieran la panacea. (Ver vídeo)

 

 

 

De camino a la carpa donde iban a actuar New Model Army, hago parada y fonda en el escenario secundario (aunque igualmente enorme), conocido como Saturn Stage para poder ver el comienzo y los primeros temas de la actuación de los californianos Slayer. Ya pude verles en cuatro ocasiones hace un mes y aunque prefiero centrarme en bandas menos vistas, nunca está de más dedicarles un rato. Lo mejor es que desde la última vez cambian los temas de apertura y puedo disfrutar dos temas que no había escuchado hace unas semanas, “Hell awaits” y “The antichrist”. A partir de ahí siguieron con los mismos temas pero al menos me llevé en la buchaca esas dos novedades. Sonando a piñón fijo como de costumbre, aunque para mi gusto demasiado bajos de volumen, volvieron a arrasar, al menos durante los veinticinco minutos aproximados en los que pude observarles. La misma frialdad, falta de comunicación y en ocasiones desgana o apatía que me transmitieron previamente pero que compensan con creces con los temas y sus interpretaciones. Esto ya va en gustos personales de cada uno, pero si dejaran de parecer oficinistas fichando por obligación antes de aparecer por los laterales del escenario mejoraría bastante mi impresión. (Ver vídeo)

 

 

 

Por tercera vez en el breve espacio de tiempo que llevo en Knebworth acudo de nuevo al Bohemia Stage para presenciar la actuación de New Model Army, grupo clásico donde los haya en su estilo y ante el que me picaba bastante la curiosidad. Liderados a la guitarra y la voz por el incombustible Justin Sullivan, estos abanderados británicos del rock alternativo con influenciaspunks convencieron al numeroso público que se había acercado. Ser locales allana el camino y su trayectoria de más de treinta años más aún. Siendo una banda a la que he escuchado en ocasiones pero sin profundizar en absoluto en su discografía, me gustaron bastante y a pesar de desconocer los temas me quedo con una impresión más que agradable de su show. Me lo pase bien y escuché canciones que me mantuvieron fijo en la carpa hasta el final de su actuación. Te puede gustar más o menos un estilo u otro, pero una banda que permanece activa tras tantísimos años y vicisitudes y son capaces de atraer a una buena cantidad de público dentro de un festival un tanto atípico para ellos solamente puede ser señal de que todavía son más que capaces de hacer bien las cosas y de que la permanencia de su legado musical en el ADN de la historia musical británica está más que asegurada. (Ver vídeo)

 

 

 

Ya solamente queda por hoy la actuación final y estelar del día de la mano ni más ni menos que de los locales Iron Maiden. Encamino mis pasos hacia el Apollo Stage y ya desde lejos se aprecia el lleno considerable y las oleadas de público que intentan acercarse por ambos lados del escenario para intentar lograr la mejor situación posible. Ante la duda de para dónde tirar me decido por el lateral derecho, más que nada porque ya había estado en el izquierdo y me apetecía probar con un ángulo diferente y a pesar de que me cuesta lo que no está en los escritos acabo consiguiendo un lugar más que aceptable evitando además apreturas y empujones varios, que uno ya está mayor para según que cosas. Con esa puntualidad que caracteriza a estas tierras, a las 20:45 han comenzado a sonar los acordes de “Doctor, doctor” de UFO que tantos años lleva acompañando los previos de sus conciertos y la excitación del personal comienza a hacerse más que evidente.

 

IMG_20140705_173231Reconozco de antemano que no soy un gran seguidor de Maiden…ahora mismo me están comenzando a sangrar los oídos supongo que provocado por los insultos y referencias varias a mi familia que los que estáis leyendo esto acabáis de pronunciar a gritos. Si me dejáis un momento me termino de explicar mientras os limpiáis los restos de los espumarajos que os han quedado en la comisura de los labios tras mi afirmación anterior. Me gustan Iron Maiden pero no me vuelven loco. De hecho he aprendido incluso a reconocerles sus méritos más en los últimos años porque hace más tiempo no les hacía excesivo caso. ¿Qué le voy a hacer?. A cada uno le llega lo que le llega y le hierve la sangre con un estilo o grupo concreto, para gustos los colores. Soy un seguidor de sus temas clásicos, para qué engañarnos. Podría llenarme la boca de admiración u odio, según el caso o lo que esté más de moda, tendencia que es claramente evidente en muchos medios que cambian de opinión respecto a una banda con la misma facilidad con la que una veleta cambia de dirección según el viento. Pero no lo voy a hacer, no tendría sentido. Me gustan sus temas clásicos, me agrada escucharlos tanto en disco como en vivo y ya está. Hay centenares de grupos que me gustan más que ellos. Lo reconozco. Más vale ser borracho conocido que alcohólico anónimo. (Ver vídeo)

 

 

 

Mientras algunos se recuperan de esta última afirmación que todavía habrá provocado más espasmos y convulsiones entre los lectores, decir que ésta era probablemente la vez que más ganas tenía de ver al grupo (que una cosa no quita la otra, los he visto un porrón de veces), ya que el hecho de que fuera el último concierto de esta gira “Maiden England” que les ha llevado por todo el globo desde el verano de 2012 hasta hoy en Knebworth sumado al hecho de poder verles por primera vez en su tierra natal y ante su público, eran alicientes más que suficientes. Y no era el único, porque el griterío fue considerable cuando comenzó esa introducción en vídeo protagonizada fundamentalmente por enormes bloques de hielo e icebergs deshaciéndose hasta que la banda saltó a escena a comerse al público con “Moonchild” y “Can I play with madness”. Bastaron esos dos temas para tener al personal comiendo de sus manos, especialmente de las de Bruce Dickinson, al que se ve en una forma física envidiable deambulando de aquí para allá por todo el escenario y desapareciendo y apareciendo por una u otra esquina del mismo con la misma facilidad con la que se mueve una gacela. Algo que ha hecho durante toda su carrera y continúa haciendo con la misma energía que el primer día, quizás afectando ahora en algún momento a su interpretación vocal más que en otras ocasiones, pero manteniendo en cualquier caso un nivel excelente también en ese campo.

 

Nada que objetarle al resto de la banda tampoco. El mismo Steve Harris dicharachero de siempre y con el mismo nivel de movilidad que su colega Bruce y unos guitarras bastante dinámicos también aunque menos que sus compañeros, especialmente en el caso de Dave Murray y Adrian Smith, que quizás prefieren centrarse cada vez más en su interpretación que en las carreras de aquí para allá, pese a lo cual también se dan sus buenos paseos. Un gran Nicko McBrain a la batería, en esa labor oscura dado que no hay manera de verle la cara escondido tras su enorme kit pero que siempre he pensado que es pieza fundamental e irreemplazable en esta historia y alma mater del conjunto. Me falta uno, ¿verdad?. Es que no quiero herir más sensibilidades de las que ya he herido. Dejémoslo simplemente en una pregunta ante la que cada cual responda como mejor le apetezca o le venga en gana: ¿Qué cojones pinta Janick Gers en Iron Maiden?. Ahí lo dejo, el resto de lo que opino os lo podéis imaginar. (Ver vídeo)

 

 

 

Han ido cayendo poco a poco todos los temas que han caracterizado esta peculiar gira, algunos de los cuales han ido cambiando a lo largo de sus distintos tramos pero que en esta ocasión fue calcado al que ya pudimos presenciar en la edición española del Sonisphere del pasado año. Que yo recuerde dos novedades: “Revelations”, procedente del álbum “Piece of mind” y el cambio del tema final, que si el año pasado terminaron con “Running free” en este caso lo han hecho con “Sanctuary”. Han sonado especialmente bien temas como “The trooper”, “Wasted years” o “The evil that men do”, pero en general el concierto ha sido realmente bueno y no ha habido ninguna laguna o momento de parón en el mismo. En cuanto a la producción escénica, lo que ya se ha podido presenciar con anterioridad, cambios constantes de telones de fondo, una iluminación muy buena que empezó a hacerse notar cuando ha ido cayendo la noche, la presencia de distintos Eddies en distintas canciones, los cambios de ropa constantes de Dickinson, las columnas de humo y en general toda la parafernalia que ha hecho de esta gira una de las más atrayentes para el público general de la historia de la banda y a la vez de las más exitosas, probablemente por esa colección de clásicos de su carrera que ha llamado la atención no solamente de los seguidores más fanáticos sino también de aquellos más casuales como puede ser mi propio caso.

 

Como único punto a mejorar yo hablaría del sonido. No es que fuera mejor ni peor, pero es que sonaron igual que cualquier otra banda de las que actuaron sobre ese escenario y una banda de este calibre debería sonar mucho más apabullante (siempre desde mi humilde punto de vista). Con seis componentes y tres guitarras aquello tendría que hacer temblar el parque y sin sonar mal en absoluto, no han alcanzado ni de lejos semejante sensación. Ya sé que las comparaciones son odiosas y más cuando hablamos de dos gigantes con tantos seguidores a sus espaldas como Maiden Metallica, pero a falta de comprobar como van a sonar los de San Francisco mañana, por lo visto hasta ahora la diferencia es notable, tanto en claridad y nitidez como en volumen. Es cuestión de esperar. Repito que no han sonado mal pero de ese lado he echado en falta más potencia. Por lo demás, ningún pero y todas las alabanzas del mundo a una banda que ofreció un señor concierto y que puso un broche de oro a la segunda jornada de un festival al que todavía le queda un día cargado de emociones por delante. Por cierto, una última anécdota más que otra cosa para que me podáis odiar aún más: había varios puestos distribuidos por todo el recinto en los que se vendía en exclusiva la cerveza que Iron Maidenempezó a comercializar hace unos meses. No había tenido la ocasión de probarla hasta ahora y tras haberlo hecho creo que pasará bastante tiempo hasta que vuelva a hacerlo. Se están rifando dos hostias y creo que llevo todas las papeletas….

Jorge Delgado

 

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