AERODROME FESTIVAL- PRAGA

 

Martes 8 de Julio de 2014

 

AERODROME FESTIVAL – PRAGA, REPÚBLICA CHECA (METALLICA + ALICE IN CHAINS + CHILDREN OF BODOM + KVELERTAK)

 

847Un desayuno frugal provocado por la escasez de opciones del hostal me deja medianamente preparado para iniciar una jornada que se prevé bastante larga. A las ocho de la mañana estoy de pié dispuesto a hacer todo el turismo que me sea posible bajo la meteorología que me toque, sea la que sea porque no estoy dispuesto a perder la ocasión de ver Praga. Según me asomo por la ventana veo que no está lloviendo, aunque no es cuestión de confiarse porque el cielo está más gris que el futuro de la sanidad pública en nuestro país. Con ánimos renovados emprendo la marcha en tranvía hasta el centro neurálgico de la ciudad, para tratar de ver al menos algunas de las muchísimas atracciones que ofrece esta ciudad. Es poner una zapatilla en el suelo al bajar del transporte y empiezan a caer las primeras gotas. No son demasiadas así que tiro para adelante sin mirar atrás y comienzo mi maratón particular por la zona de Malostranska, en la que visito el castillo de Praga y dentro de su recinto la preciosa catedral de St. Vito. La visita es más que recomendable y tras un largo y fructífero paseo por allí me dispongo a cruzar el río Moldava a través del famosísimo puente de Carlos para llegar a la Ciudad Vieja.

 

Tras pasar por el museo de Kafka y sin entrar por falta de tiempo, llego al puente en el momento en que vuelve a caer una tormenta de las que hacen época, así que me refugio en una de las cervecerías que pegan a las escaleras de acceso al mismo y en la que me sorprende que el precio de la consumición siga siendo más que económico pese a estar en un sitio turístico por excelencia. Cuando amaina un poco el asunto reanudo el paseo y atravieso el conocido puente sin parar de mirar de arriba a abajo y de izquierda a derecha porque no tiene desperdicio alguno. Demasiado turista, eso sí, pero es lo que tienen este tipo de ciudades, pero un paseo que resulta maravilloso a través del puente hasta llegar a una no menos atractiva zona de la ciudad, en la que además de pasear por sus bonitas calles te encuentras con elementos tan atractivos como la Plaza de la Ciudad Vieja (quizás la plaza más alucinante que uno ha tenido la ocasión de visitar), el Ayuntamiento, el Reloj Astronómico, la Torre del Reloj, la Torre de la Pólvora, o las iglesias de San Nicolás y Tyn. Aquí el ambiente de concierto se nota de mala manera y las camisetas denotan que el lleno va a ser importante dentro de unas horas. Como la lluvia va y viene sin cesar, las paradas itinerantes en los bares son igual de constantes y lo cierto es que grupos y grupos de fans llenan las barras y las mesas de los locales esperando que llegue la hora del espectáculo.

 

Después de una extensa mañana de turismo me tomo un respiro en el hostal, aprovechando para cambiarme de ropa, comer y pertrecharme bien paraIMG_20140708_154820 lo que tiene toda la pinta de esperarme: una tarde de lo más animada en lo climatológico. Descanso más de lo previsto pero lo compenso acercándome al festival en tranvía, con lo que desde la puerta del hostal al recinto no tardo ni diez minutos. Con dos entradas principales con las que acceder al Incheba Open Air, como denominan al lugar donde tiene cabida el festival, el acceso es muy cómodo y nada más entrar, y con la primera banda a punto de actuar prefiero dejar el recorrido por los alrededores para el descanso entre banda y banda y acudir directamente a ese Golden Circle para el que tengo entrada tanto hoy como en las dos últimas etapas de esta aventura en Viena y Varsovia. Me encuentro con lo esperado, por ya vivido anteriormente en otras circunstancias similares, un recinto acotado cercano al escenario que a esas horas presentaba una amplitud importante y que más tarde se encontraría bastante más poblado sin que por ello se viera reducida la comodidad o aumentado el agobio. Una zona genial desde la que presenciar con holgura y tranquilidad todos los conciertos.

 

A la hora prevista y sin retraso alguno salen a escena los noruegos Kvelertak, a los que me dispongo a ver por tercera vez en una semana y a los que sin embargo me parece que ha pasado un mundo desde la última vez, cuando fue el viernes pasado en Basel. Es lo que tiene tanto concierto, festival, grupo, viaje, etc., que pierdes por completo la noción del espacio y del tiempo. Con la misma media hora con la que contaron en Roma y en Basel, despliegan el mismo setlist con la misma calidad y contundencia con que lo habían hecho en las anteriores ocasiones. Desde ese primer tema que han hecho tan atrayente ya solamente por esa cabeza de búho con la que su vocalista salta a escena e interpreta la totalidad del tema “Apenbaring”. A partir de ahí la mezcla de temas de sus dos álbumes sin descanso y ante un público más entregado a su propuesta que en otras ciudades. (Ver vídeo)

 

 

 

La entrada todavía no es la mejor en cuanto a cantidad pero la buena temperatura y la ausencia de lluvia durante su actuación hacen que los allí congregados, pocos o muchos según se mire, nos entreguemos a su causa. A mí ya me tenían ganado pero no dejan de confirmar lo interesante que resulta verles en vivo y el futuro que tienen por delante, enarbolando de nuevo esa bandera tan característica en el último tema que tocan y que da nombre a la propia banda. Un sonido más que aceptable nos da la oportunidad de comprobar la contundencia que esas tres guitarras provocan y la solidez de su base rítmica. Quizás la voz de Erlend Hjelvik es la que deja un poco más que desear, por escasez de volumen o quizás porque no tenía su mejor día pero es cierto que le he visto bastante mejor en ese aspecto en otras ocasiones. A pesar de ello, un buen concierto por parte de una banda que rara vez defrauda.

 

Es entonces cuando aprovecho para dar una vuelta por las instalaciones y me encuentro con que el escenario está inmerso en una especie de parque, con lo que es posible incluso resguardarse bajo los árboles de los rayos de sol que han surgido en las últimas horas y que han hecho que la meteorología se relajara considerablemente. Muy felices me las prometía yo, pero nada más lejos de la realidad que me esperaba. El tiempo está definitivamente loco. Bastantes barras en las que aprovisionarse, precios de festival que adaptados al cambio de la moneda checa siguen siendo más que apetecibles y algún que otro puesto de comida, aunque en este aspecto se quedan bastante cortos. Nada destacable salvo eso, típica organización de festival, mejor que otros muchos sin ser tampoco la panacea. Eso sí, un sonido brillante desde el comienzo y que se ha mantenido a lo largo de toda la tarde y ese es un detalle más que interesante porque al fin y al cabo para eso hemos venido aquí.

 

IMG_20140708_163144La siguiente banda en aparecer y que repetirán mañana en Viena son los fineses Children Of Bodom. Con tanto concierto y telonero había bastantes posibilidades de que me encontrara con más de un grupo no demasiado de mi agrado pero la verdad es que he tenido toda la suerte del mundo en ese sentido tanto en la primera como en la segunda parte de este viaje sin fin…hasta hoy. No soporto a este grupo. Lo puedo decir más alto pero difícilmente más claro. Sé que su mezcla de heavy/power metal con un death metal de corte más melódico tiene infinidad de seguidores y han llamado la atención de muchísima gente a lo largo de los años, hasta el punto de que más de una vez he bromeado respecto a ellos haciendo referencia a que parecían una marca de ropa más que un grupo musical, por la proliferación de camisetas suyas que durante un tiempo poblaban las calles, al menos de Madrid. Parece que la fiebre ha disminuido últimamente pero a mí jamás me llegaron a provocar ni una mísera decimilla. (Ver vídeo)

 

 

 

Básicamente me aburren sus canciones y se me hacen eternas. Lo mismo que he repetido cientos de veces: pura opinión personal que jamás pretenderé convertir en dogma de fe ni convencer a nadie de que estoy en posesión de la verdad. Aún así les había visto previamente en un par de ocasiones, la última de las cuales en la Sala La Riviera me pareció dantesca por el elevadísimo precio de la entrada comparado con el sonido y la duración que ofrecieron después. Ya que estoy allí intento comprobar si llevo sumido años en un error imperdonable pero me bastan veinte minutos para corroborar mi opinión inicial sobre las huestes de Alexi Laiho: no puedo con ellos. Me resultó curiosa la referencia que su teclista hizo al hecho de que cuando tenía doce años su primer concierto fue el de Metallica en Helsinki en 1992 y que desde aquel día decidió que la música sería su vida. Sueño hecho realidad y veintidós años después compartía escenario con los culpables de ello. Si esta anécdota, que no deja de ser una curiosidad personal de uno de los componentes de la banda, es lo que más gracia me ha hecho os podéis imaginar lo que ha sido el resto. Siento no poder hablar de temas, discos o si han estado mejor o peor, pero no me voy a inventar nada por quedar bien, para eso ya están otros. Las reacciones parecían buenas y sinceras así que supongo que el personal al que le agradan ha disfrutado de lo lindo.

 

Después de descansar de la paliza turística de la mañana sobre el césped del recinto, todavía medianamente seco a estas horas, hago acopio de una buena cerveza para situarme en las primeras filas y poder observar desde allí la actuación de Alice In Chains. Como la amplitud de esa zona privilegiada cercana al escenario lo permite, opto en esta ocasión por verlo desde la derecha, para poder tener lo más próximo posible a ese mito personal que es Jerry Cantrell y que pasa la mayor parte de la actuación en ese lugar, salvo determinadas incursiones hacia el lado contrario y porque en general no es un tipo muy activo en cuanto a movimiento escénico se refiere (ni falta que le hace, todo sea dicho), aunque hoy se le nota más dicharachero que otros días dentro de su habitual comportamiento. Saltan a todo gas empalmando “Them bones” y “Dam that river” para a continuación interpretar “Hollow”, uno de los temas más reconocibles de su más reciente disco.

 

Again” y “Check my brain”, ese primer single del que supuso su álbum de regreso a la actualidad musical hace ya casi cinco años y que forma parte por derecho del repertorio básico de la banda, desembocan en la siempre aclamada “Man in the box”. Si un par de días antes en Knebworth habían usado el siguiente hueco en su listado de temas para introducir una canción que no había sonado hasta ahora en estos conciertos, repiten fórmula hoy y me sorprenden de lleno con la interpretación de “Grind”, primer tema de su homónimo disco de 1995 y último larga duración en el que participó el malogrado Layne Staley. El tema suena de escándalo y me sorprendo a mí mismo entonando algunas estrofas de la letra cuando es un disco que hace mucho tiempo que no escucho. Siempre hay cosas que se te graban a fuego en la memoria y que por mucho tiempo que pase están ahí al acecho, dispuestas a salir a la luz a la mínima de cambio y cuando más se las necesita. Quizás motivados por esto, su siguiente canción es “Nutshell”, ese más que emotivo tema que están dedicando tanto a Staley como a Mike Starr, su primer bajista también desaparecido ya y que eriza la piel al más pintado. Siempre he creído que si este tema no te dice nada es que no tienes sangre en las venas pero volvemos a lo de antes, cada cual con lo suyo y sus gustos. (Ver vídeo)

 

 

 

De ahí hasta el final un par de temas de cada uno de sus más recientes álbumes, como “Last of my kind” y “Stone” y varios de esos clásicos imperecederos de la talla de “We die young”, “Would?” y “Rooster”, tema “tranquilo” que solamente una banda que confía ciegamente en sus composiciones se atrevería a usar como tema final de todas y cada una de sus actuaciones cuando la costumbre generalizada suele ser dejarse para entonces una de las canciones más movidas o festivas del repertorio. William Duvall más suelto que nunca tanto en su labor a la guitarra como solamente al micro, moviéndose y haciendo mover a la masiva afluencia de gente que a esas horas ya casi llenaba el recinto y Mike Inez y Sean Kinney cumpliendo como siempre con esa labor tan sobria como efectiva que les caracteriza. Otro concierto brillante por parte de un grupo que creo es bastante respetado en general pero nunca ha sido lo suficientemente valorado.

 

Ya solo queda el plato principal del menú y bien situado me dispongo a sufrir de nuevo esas largas esperas que me atormentan hasta límites insospechados. Es entonces cuando ese cielo que se ha ido ennegreciendo en el transcurso de las horas decide empezar a tomar protagonismo y lo que en un principio son unas gotas se van convirtiendo poco a poco en un sin fin de agua que cada vez irá cayendo con más fuerza y en mayor cantidad durante las siguientes dos horas hasta convertir el suelo en una especie de barrizal y a nosotros los presentes en auténticas esponjas vivientes. Sin novedad en el frente Metallica inicia lo que a la postre será una de las mejores actuaciones de este tour con “Battery”, “Master of puppets” y “Welcome home (sanitarium)”, cerrando así la trilogía de su tercer álbum que ha venido siendo santo y seña del comienzo eléctrico de sus conciertos. Con el agua cada vez más presente, nada de eso amilana ni al público ni a la banda, estando el primero íntegramente entregado desde el primer segundo a la causa de convertir aquello en una experiencia inolvidable. (Ver vídeo)

 

 

 

La primera sorpresa de la noche llega cuando uno espera “Ride the lightning” pero se encuentra con la potencia y el subidón de un tema como “Fuel”. Lo que podría parecer un IMG_20140708_174703cambio en el orden del listado se acaba convirtiendo en la ausencia total de esa canción, hasta el punto de ni siquiera estar entre el trío de las votaciones a elegir. Debe ser que por estas tierras prefieren otros temas a la hora de votar y por más que me flipe esa canción y no me importe escucharla las veces que haga falta, no deja de agradarme hasta cierto punto la variedad en la elección de los espectadores. No fallan “The unforgiven” y una brillantísima versión de la novata “Lords of summer” bajo una lluvia que insiste en erigirse como protagonista absoluta por encima de la banda y de nosotros mismos. Mal asunto cuando hablamos de Metallica y de sus fieles y enfermizos seguidores, porque esto no sirve más que como acicate para entregarse aún más, para darlo todo por ambas partes y para que temas como “…And justice for all”, “Sad but true”, “Fade to black”, “For whom the bell tolls” o “Creeping death” hagan temblar no solamente el espacio del festival sino probablemente buena parte de la ciudad. Entre medias dos temas seguidos tan épicos como son “One” y esa maravilla musical hecha tema instrumental que es “Orion”, despertando las mejores sensaciones y sentimientos en nuestros calados cuerpos para finalizar el concierto con un “Nothing else matters” más coreado por el público que nunca y un “Enter sandman” que a pesar de haber escuchado hasta la saciedad suena como recién publicado y con el que entre todos conseguimos convencer al dios de la lluvia de que no tiene nada que hacer por más que lo intente y curiosamente y por esas casualidades y curiosidades que tiene la vida, decide darnos una tregua justo al finalizar el set. (Ver vídeo)

 

 

 

Hace días hacía referencia a que el concierto de Basel me había traído a la memoria en ocasiones el concierto del campo del Rayo Vallecano del año 1993, por aquello de la lluvia y la grandiosidad que en aquella ocasión le acabó dando al concierto. En Basel lo viví incluso estando en la grada del estadio bajo cubierto, porque las ráfagas de viento te mojaban en ocasiones y porque el mismo espíritu flotaba en el ambiente. Hoy Praga ha sido Vallecas multiplicado por cien. Tal era la lluvia que ha llegado un momento en el que el chubasquero era simplemente incapaz de asumir tal cantidad de agua y he empezado a empaparme de tal manera que la camiseta, los vaqueros, las zapatillas, los calcetines y hasta los calzoncillos (por qué no decirlo) han acabado tan húmedos que se podrían haber escurrido y llenado un bidón vacío con ellos. En mi vida me he calado así en un concierto. Jamás. El barro y los charcos se han apoderado además del lugar como no podía ser de otra forma pero nadie se ha venido abajo ante esto ni ha retrocedido un centímetro en su posición. Más bien al contrario, tanto el grupo como el público ha decidido por unanimidad aplastante sobreponerse a las adversidades, unos a base de dejarse el alma sobre el escenario como si tuvieran algo que demostrar a estas alturas y otros con la intención de disfrutar de semejante exhibición como si de sus últimas bocanadas de vida se tratara. (Ver vídeo)

 

 

 

La pausa en el diluvio universal nos ha llevado a perder los estribos del todo con “Whiskey in the jar”, coreada a lo lejos hasta por el propio Noé y todos los tripulantes de su arca. En la elección del día me he pasado la tarde rezando (figuradamente, porque no recuerdo como se hacía) para que la triunfadora fuera “The unforgiven II”, no solamente porque sea un tema que me encanta sino porque apenas han interpretado en vivo un par de veces en toda su carrera y ésta se presentaba como una oportunidad única para aprovechar la circunstancia. Desgraciadamente la mayoría del personal no pensaba igual que yo y finalmente la pugna entre los otros dos temas, “St. Anger” y “The day that never comes”, se la ha acabado llevando la primera. Dado el nivel de entrega por ambas partes la canción ha sonado como un cañonazo en toda regla y la fiesta final con “Seek and destroy” ha sido de las que hacen época. Con la lluvia comenzando a descargar de nuevo tras esa pequeña tregua la despedida de la banda ha sido también una de las más destacadas hasta ahora. Rozando las dos horas y media de concierto, ni Hetfield, ni Hammett, ni Trujillo han hecho notar en sus interpretaciones el más mínimo atisbo de dificultad provocado por las condiciones medioambientales y Ulrich menos aún, en uno de los estados de forma más finos que le recuerdo desde hace tiempo. Definitivamente a nadie le ha importado un carajo lo que estuviera pasando y si acaso, para lo que ha servido es para estimularnos todavía más. Ocho de diez y esta experiencia sin par, húmeda en todos los sentidos del término (sexual incluido), no se me olvidará por los siglos de los siglos. Si todos los conciertos van a acabar resultando como éste, mi tema favorito desde ya pasa a ser “Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva”. No digo más.

Jorge Delgado

 

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