THE BEATLES- EL PODER DE LOS MITOS

EL PODER DE LOS MITOS

DSC_0010En estas últimas vacaciones pude por fin, cumplir un deseo que perseguía desde que me empezó a interesar esto de la música: visitar Liverpool, el hogar de los Beatles, esa pequeña ciudad costera que vio nacer la que probablemente sea (gustos aparte), la más popular banda de rock’n’roll de todos los tiempos. Hacía tiempo, y aprovechando un viaje a Hamburgo para rendir pleitesía a Tom Petty, también tuve el placer de seguir los pasos de los Fab Four (aunque en aquellos años eran cinco) en la capital alemana, cuando aquella adolescente banda de imberbes británicos, se fogueó en aquellos infectos antros del barrio rojo hamburgués. Pero no había comparación, aunque sabía de antemano que Liverpool es una cuidad abocada a la leyenda Beatles, hasta que no estás allí no te das cuenta de la inmensa magnitud del mito, de cómo una ciudad entera puede estar abocada y dirigida a la vida y milagros de cuatro músicos que ciertamente cambiaron el mundo.

No he estado en Memphis, supongo que la dimensión e influencia de Elvis (el otro gran ícono por antonomasia) en la ciudad y su entorno ha de ser igualmente monstruoso, pero sinceramente, no esperaba que la relación entre los Beatles y su hogar fuese tan dependiente y extrema, podemos decir, que turísticamente hablando, Liverpool no sería nada sin los Beatles, tan sólo otra pequeña y bonita localidad más de Gran Bretaña, claro que también están sus equipos de futbol, como el histórico Liverpool F.C. y con su carismático estadio Anfield, pero esa ya es otra historia. Liverpool son los Beatles, y los miles de turistas que hasta allí se acercan año tras año, no buscan una visita a sus preciosos muelles o conocer sus verdes y maravillosos alrededores, lo que quiere es vivir, aunque sea de pasada, la magia, la revolución y el momento de aquellos convulsos años sesenta que John, Paul, George y Ringo musicaron con sus inolvidables composiciones.

Su huella está en todos lados, y lo digo de manera literal. Si pasas por una tienda de chucherías, verás un mural de la banda hecho con gominolas (ya sabemos que ellos mismos eran auténticos fans de lo que allí se llama “soft candies”). Los DSC_0053carteles de los horarios de las tiendas lucen todos con la leyenda “Open Eight Days A Week”. En la recepción de nuestro modesto hotel lucía un impresionante mural de John Lennon. El Starbucks parecía una exposición de arte dedicado a la banda, con fotografías y dibujos variados. El inmenso comedor del Burger King estaba decorado con…. Sí, habéis adivinado, un enorme mural de los años jóvenes del grupo. Las tiendas de regalos tenían la siguiente disposición de su espacio, un 30% dedicado al Liverpool F.C. , un 0,5% dedicado al Everton F.C. , un 5% para los típicos recuerdos de la ciudad y el resto…. Los cuatro fantásticos. Vimos barberías, oficinas, bancos, tiendas de telefonía, restaurantes, comercios de ropa y calzados, cafeterías, kioscos de prensa, heladerías…. Todos basaban parte de su decoración en los Beatles de los primeros sesenta. Pensé en algunos de mis amigos a los que temas como “Help” o “I Wanna Hold Your Hand” no les dicen nada y pensé que una visita allí sería como una tortura para ellos. Ya sabéis, lo que para unos es el cielo, para otros es el infierno.

Luego están los lugares clave: Strawberry Field, el barrio de Penny Lane, los lugares de nacimiento de los cuatro protagonistas (especialmente reseñable el vecindario natal de Ringo, hoy en día convertido en un lugar desértico y casi inhóspito donde casi todas las casas aparecen tapiadas), el impresionante museo dedicado a la banda y que era como estar en el paraíso para un fan irredente como yo, la iglesia donde Paul hizo sus primeros pinitos como cantante, los colegios donde estudiaron, el juzgado donde John y Cinthia contrajeron matrimonio y por supuesto Matthew Street, la calle donde todavía abre sus puertas el glorioso The Cavern, hogar del Mersey Beat. Desde los sesenta ha modificado unos diez metros su emplazamiento original, pero ahí está todo el club original, piedra por piedra, incluido escenario y barra, y era reconfortante acabar cada jornada disfrutando de una buena cerveza, mientras el artista de turno rendía homenaje sobre el escenario a aquellos primorosos años. La primera noche me dedique a escudriñar de manera exhaustiva el local empezando por los carteles, parecía mentira que por aquel diminuto escenario pudiera haber pasado gente como Small Faces, The Who, Bo Didley, Rolling Stones, Animals, John Mayall´s Bluesbreakers, The Kinks, John Lee Hooker, Yardbirds, Queen, The Hollies, Thin Lizzy, Budgie…. Un no parar y sí, hoy en día es una atracción turística más, pero creedme cuando os digo que conserva todo su encanto de lugar histórico del rock´n´roll y también su famoso calor, en ocasiones difícil de soportar. Se dice que en los viejos tiempos, si alguien despedía un olor corporal no demasiado agradable se le decía en tono de broma: ¿Has estado en The Cavern no? Si nosotros sudamos de manera prominente bebiendo relajadamente una copa, no me quiero imaginar lo que debían de ser aquellas maratonianas sesiones de rock´n´roll con la sala hasta la bandera. Imposible evitar que un escalofrío recorra tu espina dorsal cuando ves, esplendoroso en una de sus vitrinas uno de los backlines utilizados por la banda en uno de sus shows allí, incluidas la Grestch de George, la Rickenbacker de Lennon, el Hofner de Paul y la vetusta Ludwig de Ringo, automáticamente te trasladas a 1962 e intentas imaginar lo que pudo ser aquello.

DSC_0047Como es lógico, nos dispusimos a imitar el ritual de la banda cuando tocaban en The Cavern, que no era otro que escaparnos al club de enfrente, The Grape, para meternos una buena pinta. La prohibición de vender alcohol en The Cavern, hacía que los grupos que tocaban allí tuvieran que satisfacer sus ansias alcohólicas en otro lugar, y The Grape era siempre, por pura cercanía supongo, el lugar elegido, y allí sigue, un agradable y bonito pub ingles que compite con la docena de garitos, clubs, bares y restaurantes con música en vivo que conviven sin problemas en Matthew Street, uno de los lugares donde el rock´n´roll creció y se multiplicó.

La última noche cenando en un restaurante, en conversación con una agradable camarera, nos confirmó que el tirón turístico de la ciudad va íntimamente ligado a un fenómeno que pasa DSC_0232generación tras generación, y que los habitantes de la ciudad son muy conscientes de ello. Fue entonces cuando de sus propias palabras escuché la frase que encabezan estas líneas: “El poder del mito es tan grande, que ha hecho que una ciudad tan modesta y pequeña como ésta tenga su sitio en el mapa turístico del país. Sin los Beatles seríamos una ciudad gris dedicada al comercio de nuestro puerto y poco más”. Al día siguiente de vuelta a casa, cuando avisté el aeropuerto, cuyo nombre es “International Airport John Lennon”, no pude más que darle la razón y seguir sorprendiéndome de que, en efecto, los Beatles no sólo cambiaron y revolucionaron la métrica de la canción pop, si no que además cambiaron el mundo, con su pequeña ciudad natal incluida.

Andrés Martínez

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