LEFT LANE CRUISER

LEFT LANE CRUISER 

Lo rLeft-Lane-Cruisereconozco, no tenía ni la más mínima idea de quien eran Left Lane Cruiser, cierto que había escuchado su nombre de pasada en alguna de la multiples conversaciones melómanas que tenemos en las barras de los bares, pero ni me había acercado a su música ni tampoco me había preocupado de ello. Fue el promotor del concierto el que me advirtió: “Con lo que a ti te gusta el blues primigenio y pantanoso, yo no me lo perdería”, un par de vistazos rapidos a Youtube y por supuesto me atraparon, definitivamente eso tenía que sonar atronador en directo. Y no me equivoqué, yo diría que hasta me quedé corto, porque una vez escuchados sus discos, sobre las tablas de un escenario suenan mucho, muchisimo más crudos, brutos y salvajes. Fredrick Evans, el rubio barbudo se sentó en su silla, enchufó su guitarra y tras los primeros acordes ya empezó a sudar como un animal, porque eso es justo lo que era, un puto animal escupiendo con su atronadora voz seguramente hecha a base de whiskey casero. Puro blues descarnado, diabólico, ese que a pesar de no ser parido por un músico de color, nace de las entrañas del mismísimo infierno. Si eran sorprendentes las reelecturas de clásicos como “Stranglehold” o “Black Betty”, más lo era presenciar como el bajista con una tabla de skate enchufada a un amplificador y una pedalera, sacaba sonidos absolutamente demenciales. El tema titulado, muy apropiadamente, “Skateboard Blues” fue apoteósico, por momentos parecía que el mismo espíritu de Jimi Hendrix se hubiese apoderado de aquella miserable tabla de skate que gemía y chillaba como una auténtica fiera en celo, absolutamente sorpendente. Antes de tan tremenda demostración de poder, nuestros Booty Hunters se lo pusieron difícil a las estrellas de la noche. Tenía una deuda con ellos, no había podído asistir a la presentación de su magnífico último álbum, “Chenobilly”, y tampoco pude acercarme a la noche que dedicaron a rendir pleitesía a la música del gran, enorme, Johnny Cash, era cuestión de desquitarse, aunque en esta ocasión ejercieran de teloneros. Si os digo que el mismo Brenn Beck, batería de los Left Lane Cruiser me comentó en un lateral de la sala que lo iban a tener difícil para superar lo que estába viendo, os haréis una idea de que nuestros rednecks propios se salieron. Sonaron tremebundos, musculosos, demoledores, con un Xavi Ollé absolutamente demencial tanto en su papel de maestro de ceremonias como destrozándonos con su voz de cazalla. Quedarse tan sólo con su faceta outlaw country es una idiotez, la Telecaster de Dani es mucho más que eso, pero tampoco nos vamos a engañar, cuando atacan temazos como “Founding Two” o alguna de esas covers de Cash, parecen salidos directamente del mismo centro de Nashville, aunque a mí cuando más burro me ponen, es cuando se ponen más brutos y psicóticos, por lo que el instante vivido con la interpretación de “Chernobilly” pasó a ser mi momento favorito de toda la velada. Gran noche, entre la sorpresa de los de Fort Wayne y el placer de disfrutar de nuevo de los cazadores de botas, ese miércoles se convirtió en un sábado por la noche.

Andrés Martínez

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