BIGELF + BEND SINISTER

BIGELF + BEND SINISTER

Los encargados de abrir la velada eran los neoyorquinos Jolly, a los que por desgracia no tuve oportunidad de escuchar. Por lo que pude indagar, eso sí, dejaron muy buenas sensaciones entre el público. La cosa pintaba para una gran noche, porque en cuanto Bend Sinister saltaron al escenario se adueñaron de la Razzmatazz. Para los que no los habíamos escuchado nunca, los canadienses resultaron ser una gran sorpresa. Se nota que llevan ya unos cuantos discos y bolos a sus espaldas. Su mezcla entre rock progresivo clásico, tintes pop-rock y una puesta en escena directa, desenfadada y al grano caló hondo entre el público. Su carismático líder, el cantante y teclista Dan Moxon, no tardó mucho en tenernos en el bolsillo a todos. Acaso lo más destacable de Bend Sinister —cuyo nombre, por cierto, está tomado de la novela homónima de Vladimir Nabokov— sea la sensación de buen rollo y diversión que transmiten en directo, que no es poca cosa tratándose de unos músicos que se mueven como pez en el agua en el oceánico mundo del rock progresivo y sinfónico. ¿Reminiscencias de Queen, Supertramp, Yes, Deep Purple? Sí, las que quieran, pero ante todo una propuesta propia y muy original. El broche a su actuación fue una interpretación emocionante de “The Logical Song”, de sus admirados Supertramp. El juicio fue unánime: hay muchas ganas de volver a disfrutar de Bend Sinister en directo, pero la próxima vez como auténticos protagonistas.

big-elf-4-by-edutusetY es que llegaba la hora de Bigelf. Tras los cambios de formación experimentados en 2010, la emoción por verlos era aún mayor que en otras ocasiones. Todos estábamos expectantes por ver qué tal cuajaban dos músicos de la talla de Mike Portnoy (Dream Theater, Transatlantic…) y John Wesley (Porcupine Tree) en la banda liderada por Damon Fox, en la que el único miembro que sigue activo tras la salida de Ace Mark y Steve “Froth” Frothingham es el bajista Duffy Snowhill —además, claro está, del genial Fox, alma y seña de identidad inconfundible de Bigelf.

Vaya por delante que Bigelf es una de mis bandas favoritas, de esas por las que uno siente cierta debilidad, cuando no franca devoción. Pero no es menos cierto que el espectáculo que nos ofrecieron en Barcelona fue para enmarcar. Hacía tiempo, mucho tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto.

Parecía que los estadounidenses no tenían mucha prisa por adentrarse en su nuevo disco, el justamente aclamado Into the Maelstrom (2014). Cuando todos esperábamos ansiosos sumergirnos en ese mar de psicodelia y rock progresivo de su más reciente trabajo, Bigelf nos sorprendía con un inicio arrollador, en el que echaron mano de algunos de sus grandes clásicos al más puro estilo Black Sabbath, pertenecientes a sus dos anteriores discos, Hex (2003) y Cheat the Gallows (2008). La encargada de abrir la lata fue “The Evils of Rock & Roll”, que rebosa Deep Purple por todos los costados. Le seguía “Madhatter”, una de las más rifferas entre las de su repertorio, que nos trasladaba de lleno a ese sonido de los 70 que solo bandas como Bigelf, Orchid o Kadavar son capaces de reproducir en directo con tanta fidelidad. Llegaba el turno de “Pain Killers”, sin duda uno de los grandes trallazos de la banda, que hacía enloquecer al público. En estos primeros compases de concierto, y tras algún leve problema con el sonido, se podía percibir ya que Damon Fox estaba empeñado en tirar la casa por la ventana. Y vaya si lo consiguió.

Tras esta potente exposición del mejor doom progresivo, marca de la casa, Bigelf decidía deleitarnos al fin con un corte del nuevo disco, “Hypersleep”, al que seguía “Alien Frequency”, uno de big-elf-7-by-edutusetlos temas más conseguidos de Into the Maelstrom, con un estribillo pegadizo, potentes guitarras y los sinuosos teclados de Fox haciendo de las suyas. Para entonces Damon Fox, convertido en un prestidigitador del rock & roll, nos tenía a todos embaucados. Pero aún le quedaban muchos trucos bajo la chistera, como “Vertigod”, una de las más progresivas y psicodélicas de su último trabajo, cuyos riffs laberínticos, melodías hipnóticas y arreglos vocales recuerdan a clásicos del rock sinfónico como Yes, Genesis o King Crimson. Son temas como “Vertigod” los que dan ese nuevo aire a Into the Maelstrom, que explota la vertiente más psicodélica, progresiva y teatral de la banda (entre las reminiscencias más claras pueden citarse los últimos Beatles o Pink Floyd, además de los ya mencionados), pero sin abandonar nunca las influencias más doom y hard rockeras (Black Sabbath, Deep Purple, etc.). Eso sí, siguen siendo tan setenteros como siempre (el propio Fox, al tener un problemilla con un teclado algo más moderno de los que usa habitualmente, reconocía: “I don’t like new stuff”).

Tras hacer un guiño a su primer disco con “Money Machine” (interpretada a la batería por Baron Fox, hijo de Damon, que cumplió a la perfección la difícil papeleta de tener que sustituir al gigantesco Portnoy), la banda nos ofrecía “Edge of Oblivion” y “ITM”, muy representativas de esa mezcla de estilos que define a Bigelf y a Into the Maelstrom. A estas alturas del bolo, por cierto, el público se cercioraba ya de que los nuevos miembros de la banda, lejos de buscar protagonismo, se han adaptado a las mil maravillas al sonido Bigelf y a las directrices de Damon Fox, que no es muy amigo de los virtuosismos solistas. Para hacer malabares y acaparar las miradas del respetable ya está él, si bien se le ve algo más contenido en su puesta en escena que años atrás.

A la coreada “Money. It’s Pure Evil” le seguían la grandilocuente y delirante “Counting Sheep” (11 minutos que se pasaron volando) e “Incredible Time Machine”, verdaderas delicias para los amantes del progresivo. Pero todo ello no era nada más que la antesala de la traca final. El último as en la manga de Fox, Snowhill, Portnoy y Wesley tenía un nombre propio: “Blackball”. La increíble jam que se marcaron fue, literalmente, de otra época. Una apoteosis. Ecos de Deep Purple, Pink Floyd y King Crimson echaban el cierre a una noche memorable.

big-elf-2-by-edutusetBigelf es una de esas bandas que marcarán una época en su estilo. No por casualidad se han convertido ya en un grupo de culto para los amantes del doom y del progresivo de raíces setenteras. A la gran calidad de todos sus trabajos hay que sumar sus soberbias interpretaciones en directo, aupadas por un Damon Fox que, a la usanza de las viejas estrellas del rock, es capaz de hipnotizar a su audiencia y de mantenernos en vilo hasta que las luces indican el final de la función. Al brujo del sombrero de copa le queda magia para rato.

Daniel Tejerina

Fotos by Eduard Tuset

 

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